¡Era Chen! Felices ponipollos a lxs ganadors. Feliz navidad, lectorxs de Proyecto Haema.
La paranoia está floreciendo.
Las transmisiones de PR lo resumirán.
Ellos intentan empujarnos a las drogas,
manténganse todos callados y confiemos en que
nunca vamos a ver la verdad al rededor.
(Muse, Uprising).
Tipear, navegar, indagar, ¡un agujero!, tipear, backdoor: acceder, tipear, caballo de troya, estudiar la información, números, letras, códigos matemáticos, descargar, copiar, copiar, copiar; sistemas operativos, máquinas, protocolos.
Mi bebida se terminó y tiré solo aire de la pajilla. No quería levantarme, pero sentía sed. Miré el reloj: las doce en punto, no supe si de la noche o de la mañana, me era irrelevante. Calculé que podía resistir unos minutos más y acomodé mis enormes gafas antes de continuar.
Tipear, navegar, indagar, sistemas operativos, máquinas, protocolos.
Mi lengua se pegó a mi boca y se sentía agrietada. Cubrí mi rastro, borré mis caminos, mis pruebas. Ordené a mis dedos detenerse y levanté mis brazos, estirándome. La espalda y el cuello traquearon muy fuerte. Me levanté y vi en la silla la marca de mi trasero. Caminé a la cocina y bebí de un solo trago un vaso completo de coca cola. Eructé y estuve listo para continuar.
Ding dong —sonó el típico timbre, el que la mayoría de las veces pasaba en mutismo. Mi corazón corrió desbocado y controlé el impulso de esconderme bajo los escritorios. Tal vez fuera solo un error, así que esperé como si me hubiera congelado, pero el timbre se volvió loco. Ding-dong, ding-dong, ding-dong, ding-dong, ding-dong. Me coloqué tras la puerta y me llevó dos intentos para que mi voz saliera fuerte y sin tartamudeos.
—Password —pedí.
—Dinosaurio trooooll.
Reconocí la clave en voz de D.O. y el alivio me destensó los músculos inmediatamente. Cuando abrí la puerta, él entró con la misma confianza de siempre.
—¡Chen, Cheeeen! ¡¿Hace cuánto no nos vemos?!
—Ocho meses, dos días, cuatro horas y siete minutos con cuarenta y dos segundos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro... Creo.
—Fueron cinco horas, no cuatro.
—No. Cuatro. A menos que... ¿Estás contando desde que nos saludamos o desde que nos despedimos la última vez?
—Estoy bromeando, Chen.
—¡Oh! —reí.
—Awww qué lindo, Chen-Chen, aún haces ese sonido de cerdito cuando ríes. —Me apretó las mejillas y me aparté un poco.
—Es porque... no puedo respirar bien desde que... me quebraron la nariz.
—Ya me lo has dicho antes.
—Sí, once veces... Pero la gente... olvida cosas.
—Y tú no olvidas nada, ¿verdad?
—Tal vez, pero no recuerdo qué fue lo que olvidé.
—¿Es un chiste?
—Sí —reí. D.O. siempre me ponía de un humor muy loco.
—Tienes de comediante lo que yo de romántico.
—¿Estás siendo sarcástico?
—Sí, pero pierde la gracia si lo preguntas.
—Lo siento —me acomodé los lentes. D.O. estaba usando los mismos zapatos de siempre.
—¿Te gustan mis botas?
—Sí.
—Lo noto. Ahora mírame a la cara —pidió. Levanté la mirada y me llevé una gran sorpresa.
—¡Tu cabello!
—Es negro, lo sé. ¿Te gusta?
Bajé mi mirada —Sí.
—¿Sí
—Sí.
—¿Qué tanto?
—Creo que te vez bonito como... ¡como una obra de Kevin Mitnick!
—¡Halagador! —sacudió su mano como descartando mi idea y acomodó sobre una de mis mesas un gran bolso que traía. Luego, se sentó y yo a su lado— ¿Cómo has estado?
—Bien.
—¿Has estado violando la ley?
—Sí.
—Amo tu desfachatez.
—Muchas gracias.
—Yo vine porque necesito tu ayuda —me acarició el cabello y me encogí un poco, aunque me gustaba—. Y también a ofrecerte mi ayuda con cualquier cosa. Lo sabes, ¿verdad?
—Me gustaría... una coca cola.
—Traje gaseosas, rollos de canela y vitaminas de los Picapiedra.
—No sé qué es eso.
—Da igual, luego lo buscarás en internet. Lo que vine a pedirte es que instales aquí —me dio un celular— un localizador secreto y que lo conectes con mi celular. Debo mantener vigilada a esta persona.
—¿Es el asesino que buscas?
—No. Es de una persona que no quiero que muera.
—¿Es de tu novio?
—¿Cómo sabes que tengo novio?
—Kris vino el otro día y dijo que estabas viviendo con un Kim Jongin, así que lo busqué en internet, me colé en su computador y lo vi leer en páginas de fanfictions homosexuales y buscar diseños de consoladores anales; pero pensé que si tú vivías con él, tal vez las búsquedas eran tuyas, porque cuando retrocedí en el tiempo, descubrí que Kim Jongin no tenía por costumbre visitar ese tipo de páginas y que solo usaba el internet para ver películas de acción, comedia, drama y enviar correos a su familia y trabajo, y que todos los correos de su hermana tienen screamers.
—Chen, soy muy feliz de que no seas uno de mis enemigos, porque eres la persona más peligrosa que conozco —dijo. Yo reí. D.O. era un exagerado—. Bueno, sí, todo eso es verdad. Quiero mantener vigilado a Kim Jongin, mejor conocido como el moreno de Calcuta ya que no puede huir por ahí y hay un tipo que lo ronda como mosca porque él es tremendamente sexy y no puedo dejarlo por la libre. —Asentí y conecté el celular a mi máquina para empezar a trabajar—. Chen... tú sabes que eres el amor de mi vida y que eres más sexy que Kim Jongin, ¿verdad —Sonreí avergonzado aunque sabía que eso no era cierto, pero él se arrodilló a mi lado, empezó a manosearme y me estremecí. Luego, me besó el cuello. —Eww, Chen —reclamó apartándose— ¿hace cuánto no te duchas? ¡Apestas, hermano!
—Lo siento —me rasqué la cabeza—, creo que fue hace ocho días.
—De esa fecha no tienes seguridad, ¿eh? ¡Cochino! ¡Ve a ducharte! Pero primero acaba lo que estás haciendo.
—Ya terminé —le entregué ambos celulares—, y también me he lavado los dientes a diario. Puse una alarma para ello como me dijiste la otra vez.
—Déjame ver —me revisó la boca—. Bien, están muy limpios, te felicito. Te has ganado un besito —pero no me dio un besito, sino un gran beso con lengua y todo. Luego, empezó a susurrarme—. Si te duchas rápido, te pagaré de otra manera, mi pequeño Chen.
—No. No es correcto, porque ahora estás casado.
—Tienes razón, supongo. ¿Quién te creería tan moralista aun cuando eres el mejor hacker del mundo?
Me encogí de hombros —Hay ciertos principios.
—Bien. Para alegrarte la vida, te presentaré a alguien agradable. —Y sacó un bebé del bolso que tenía en la silla.
—¿Está muerto?
—No está muerto, solo dormido.
—Odio si arruino el chiste, pero... ¿estás siendo sarcástico?
—No, Chen. De verdad solo está dormido.
—¿Es una broma?
—Oye también tengo mis principios. No bromeo respecto a la muerte de un niño, en especial si es el que me creció en la barriga —luego me lo puso en el regazo—. Saluda a tu sobrino, Asher.
¡Eso era terrible! ¡Un humano más en mi casa! Ya éramos tres y sentía que se iba a gastar todo el aire en la habitación. Me llevaría tiempo acostumbrarme a Asher.
Continuará...