Bienvenidxs a este capítulo de narración doble, besos a Ameko por su ayuda <3
Las personas se enamoran de maneras misteriosas.
Tal vez solo por el toque de una mano.
¡Oh! Yo me enamoro de ti todos los días,
y simplemente, quiero decirte que lo estoy.
Así que, cariño, tómame entre tus amorosos brazos.
(Ed Sheeran, Thinking out loud).
Jongin
¿Han visto el modo en que mi vida fue transformada? ¡Es una locura! Es decir, hasta hace un año era el extrovertido que soñaba con anunciar autos y aunque aún guardo esos sueños, ya no son el centro de mi vida. El centro de mi vida ahora es una bolita que huele a talco.
Les hablaré de su sonrisa, porque obviamente no hay nada más importante que pueda decirles hoy, porque no existe en este mundo ni una sola cosa más relevante que la sonrisa de Tae Oh, ¿ok?
Todo empezó en sus primeros días de vida. Soo y yo observábamos dormir al bebé y él sonrió, entonces yo me emocioné y me fui rodando hasta el jardín; pero su horrible padre pateó mi poni cuando me dijo que había leído que los primeros días los recién nacidos no podían sonreír. Esa fue la primera vez que pensé que Kyungsoo era malo.
Kyung Soo malo.
En la segunda semana de vida, Tae Oh sonreía más cuando estaba limpio y satisfecho, pero continuaban siendo expresiones cortas. Sin embargo, con el paso del tiempo, fue siendo un bebé cada vez más y más feliz.
A sus cinco semanas, ya reía con soniditos diversos cuando me acercaba a hablarle con voz de tonto, según Soo; no me importaba; porque al bebé le gustaba mucho. Y después de los tres meses, logramos oír sus primeras carcajadas retumbando por toda la casa porque el pequeño consiguió desarrollar muy bien sus pulmones. ¡Tarááán! Ese fue el ciclo evolutivo de su sonrisa.
Ahora hablemos de su columnita...
Tae Oh fue capaz de sentarse solo a los cinco meses de edad. ¿Increíble, cierto? No importa que fuera una edad normal, él se sentaba muy bonito y sonreía y se le caían las babitas en el regazo. Entonces, Soo y yo corríamos con un pañito a limpiarlo. A los siete meses, le dimos su primer rollo de canela. Se lo metió a la boca, lo babeó todo y se comió la mayor parte. Creí que luego le iba a doler la barriga, pero afortunadamente no.
Solía llamarme con sonidos que parecían un «aigooo agú agú» mientras me extendía sus bracitos, pero yo podía descifrarlos claramente como un «cárgame y dame amor, perfecto tío amado». Además, después de un tiempo fuimos capaces de diferenciar el tipo de llanto del bebé, por ejemplo:
Cuando lloraba de manera muy grave e irregular pero cada vez más fuerte, era hambre. A veces, se metía un puñito a la boca o cualquier cosa que tuviera al lado. Una vez, se empezó a comer un escarpín y antes de quitárselo, le tomé una fotografía. Cuando lloraba con pequeños gemiditos débiles pero largos, estaba enfermo. Lloró mucho de esa manera los primeros meses de nacido, y Kyung y yo nos poníamos muy tristes. Cuando lloraba muy, muy, muy alto, era porque le dolía algo, como aquella vez que se raspó la mejilla con un piercing de su papá. Cuando lloraba haciendo un montón de pucheritos, era porque quería que lo consintieran o se sentía solo... A veces, Kyung y yo nos distraíamos... No mucho, solo que, bueno, en ocasiones, Tae Oh nos exigía en momentos donde no había retorno y ninguno de los dos podíamos detener nuestras eh... actividades. Entonces, debía llorar un poquito antes de que su papá y yo acabáramos nuestros asuntos y fuéramos a cargarlo. También lloraba de esa manera cuando tenía sueño, y el mejor en esos casos para atenderlo era Soo.
Ya les había dicho que dormir con él era como abrazarse a una hoguera, ¿cierto? Pues al parecer, al bebé le agradaba mucho ese calor, porque cuando su papá lo cargaba, se dormía mucho más rápido. Sin embargo, después de unos cuantos minutos, ambos acababan por completo sudados. Tae Oh había heredado la temperatura corporal de Kyung. Yo vivía con dos bolitas de fuego que le daban calidez a mi existencia.
Me gustaba mi vida: yo era feliz, mucho. No sé cómo hubiera logrado sobrellevar mi depresión sin ellos. Me agradaba observar a Tae dormir haciendo pucheros como si estuviera bebiendo de su mamila. Me agradaba el modo en que agitaba sus bracitos y piernas cuando se sentía muy feliz. Me agradaba cuando Kyung y yo le hacíamos preguntas y él respondía con balbuceos. Me agradaba cuando lloraba porque yo me iba al trabajo y cuando volvía y lo encontraba dormido sobre el pecho de su papá que lo abrazaba con sus manos llenas de sellos míticos de protección. Porque Kyungsoo tatuado, abrazado a su bebé, era como el pecado más divino de mi existencia. Entonces, tomaba a Tae en mis brazos y llenaba su cabecita de besos antes de llevarlo a su cunita, haciendo que sus pocos pelitos terminaran parados o aplastados, y luego volvía con Kyung y le llenaba la boca con otro tipo de besos.
No sé en qué momento me enamoré así. Es decir, es claro que desde que lo vi por primera vez sentí una fuerte atracción que me llevó a la locura de tener conductas sexuales en un callejón o de empezar a visitar ese horrible bar buscando encontrarlo; pero cuando creí que tenía hepatitis, dejó de gustarme instantáneamente. Luego, solo sentía la necesidad de ayudarlo porque estaba embarazado y la verdad es que me daba tristeza pensar en ese bebé. Pero con él nada puede ser a medias tintas: uno ama a Kyungsoo o lo odia. No hay posibilidad de grises ahí.
Cuando empecé a mantener relaciones sexuales con él aún en cinta, Luhan me advirtió que yo estaba perdido, pero no quise pensar mucho en ello y, la verdad, esa era la menor de mis preocupaciones con todo el trabajo que tenía encima entre la empresa y Kyung. Pero luego, cuando perdí a mi madre y él me apoyó, sentí que no había nadie mejor para comprender mi dolor. Y una tarde cualquiera, de la nada, Kyungsoo me besó, y sentí dentro de mí como si todo estuviera completo, como que le puso un final a mi dolor. Desde ese momento, dejé de pensar en cuánto extrañaba a mi distanciada familia y llené mi mente con ideas de cómo llevármelo a la cama. Hasta que lo conseguí y nos convertimos en unos completos ninfómanos. ¡Nunca había perdido peso con tanto gusto! Pero, ¿quieren saber cuándo caí en cuenta de qué tan adentro estaba involucrado en esto?
Fue esa tarde que llegué del trabajo y él salió de la habitación sin su camiseta. En su pecho estaba tatuado un caballito de mar. Kyungsoo no dijo nada, solo me sonrió. Intentó pasar de lado para ir a prepararme café como ya era su costumbre, pero lo abracé por la espalda. Esa tarde pensé: «Aaaah, Kyung Soo me escucha», porque, ¿hace cuánto habíamos tenido esa conversación del hippocampus? Y él me había oído y se lo había tatuado. Eso significaba que me había escuchado de manera consciente muchas veces más. Steve tenía razón: él puede ser testarudo y parecer frío, pero la verdad siempre está atento, siempre es fiel.
Kyungsoo no está conmigo porque le hago su vida más cómoda con la única responsabilidad de cuidar de mi casa mientras yo corro con sus gastos y los de su bebé. Kyung Soo está conmigo porque le gusto. Le gusto para él y para Tae Oh y tal vez no me lo había dicho con su boca, pero de cierta manera, lo escribió en su piel. Era más de lo que yo esperaba. Y lo supe: que lo amaba mucho y que los quería en mi vida siempre.
Kyungsoo
Cuidar de un bebé no es fácil. Punto.
Una vez, cuando Tae tenía cuatro meses, lo dejé en la cama para ir a preparar la cena. Lo escuché llorando mucho, así que me apresuré a freír el pollo para ir a consolarlo; pero cuando llegué, no estaba mi bebé. Podía oírlo mas no verlo. Creo que fue el primer susto que me dio. Lo encontré en el suelo, casi bajo la cama y con una enorme chichota en la frente. Ya tenía bastante frente como su otro papá, pero ahora tenía más. Lo revisé bien y me aseguré de que no tuviera nada grave. Desde ese momento, no pudimos dejarlo solo en la cama o lo sillones o nada en alto, porque había aprendido a girarse y se daba la vuelta por todo el colchón como un gusanillo revoltoso. Cuando Jongin llegó por la tarde, me saludó con un beso y me manoseó el culo antes de ir a la habitación del bebé, y puso el grito en el cielo cuando le vio la frente.
—Míralo por el lado bueno: ¡el bebé ya sabe darse la vuelta!
No pareció muy convencido y se pasó el resto de la noche mimando al chocolatito. También me pasó otra cosa con él, fue antes de cumplir ocho meses de nacido. Como ya había aprendido a no dejarlo solo, lo llevé conmigo al jardín trasero a tender la ropa recién lavada. Lo dejé por ahí con su patito de juguete y después de un rato, lo escuché llorando mucho. Volteé y vi que estaba bien. Siempre he pensado que Jongin lo consciente mucho, así que solo empecé a hablarle para que se calmara.
—No puedo cargarte ahora mismo, Tae Oh. Juega solo un rato más y después iré contigo.
Pero cada vez berreaba con más fuerza y me pareció una gran malacrianza, así que fui por la última carga de ropa porque no quería mal acostumbrarlo a ser un llorón como Jongin. Al final, sus gritos eran tan altos que me apresuré a colgar los últimos pantalones de Calcuta y fui a ver qué le pasaba. Nada más al acercarme, vi cómo muchos puntitos negros le caminaban por su piel morenita.
¡Hormigas!
Me picaron todas las manos mientras lo desnudaba y enjuagaba en la pileta donde lavaba la ropa. Y si a mí me dolía, no quise ni pensar en lo mucho que Tae me estaba odiando en ese momento.
Toooodo el día pasó llorón. Se llenó de muchas ronchitas rojas y se notaba bastante incómodo. Le puse crema y dejé el oficio casero de lado para quedarme con él a ver si me perdonaba el descuido. Y en medio de todo esto, yo solo me imaginaba cómo rayos le iba a explicar a Jongin que ahora no teníamos un bebé con ronchas, sino ronchas con un bebé.
—¡Hoy pasó algo divertidísimo! —le dije en cuanto cruzó la puerta.
—¡¿El bebé dijo papá?! —preguntó ilusionado. Últimamente decía varias sílabas y ambos soñábamos con sus primeras palabras.
—No, no, nada de eso.
—¿Pero sí es sobre Tae?
—Sí, Moreno... El chocolatito estaba en el jardín y lo picaron las hormigas. Bueno, no me di cuenta... Ahora parece un leprosito, con un montón de... ronchitas que lo adornan.
—¿Qué? —me preguntó sin sonreír antes de ir a verlo— ¡Kyungsoo! ¡Do Kyungsoo! —Rodé mis ojos. Aquí vamos. —¿CÓMO PUEDES SER TAN DESCUIDADO? ¿QUÉ ESTABAS HACIENDO? ¡ERES UN GROSERO! ¡AGRADECE QUE NO VIVMOS AL LADO DE ALGUIEN DE SERVICIOS SOCIALES! —Y luego su plática con el bebé: —Mi amor, pequeñito, lo siento tanto. Ven acá, mi corazón. Pobrecito, ¡mira nada más cómo has quedado! Aigoo, aigoo, mi pequeño hippocampus. Tu papá es un tonto. Ven conmigo, mi bebé. ¿Tienes comezón, mi bebé de chocolate? ¡De seguro que sí! Pobrecito, mi vida.
Y una enorme cadena sin fin de mimos, besos, caricias interminables sobre cada ronchita... Creo que fue la primera vez que lo vi enfadado conmigo, como enfadado de verdad y de algún modo, eso no me hizo sentir mal en lo absoluto, porque me divertía ver la dedicación con la que él cuidaba del enano.
Podrán decir que soy un padre horrible, pero es que cuidar de un bebé no es fácil y yo nunca antes había tenido que cuidar de nadie más que de mí mismo. Aparte de eso, todos cometemos errores, incluso Jongin... Una vez, estaba lavando los platos del desayuno y, como parece que está pegado al bebé, no quiso dármelo durante ese rato. Lo sentó en el lavado, al lado suyo, y lo dejó jugar con el agua, porque aún no lo habíamos duchado. Entonces, se descuidó solo durante un segundo y Tae se llevó a la boca la botella de lavaplatos líquido como si fuera su biberón. Casi de inmediato, vomitó sobre todos los platos recién lavados. Jongin no cabía en sí mismo, era una pelota de remordimientos. Tuvimos suerte de que no se intoxicara y pasara algo más que tres grandes vómitos y una buena dosis de llanto, pero, ¿ven a lo que me refiero? Con los niños nunca se sabe. Además, Jongin era muy histérico respecto a Tae. Debía controlarse o se iba a infartar antes de que el bebé cumpliera cinco años. El día que botara su primer diente, iba a pensar que estaba mutilado o algo.
Yo había empezado a trabajar con Kris: hacía algunos diseños de tatuajes que le pedían sus clientes cuando a él le daba pereza. Me entregaba los trabajos más feos y aburridos, pero no me importaba en lo absoluto. Era entretenido hacerlos y me ganaba un poco de dinero, no mucho, la verdad, pero tampoco era como si realmente lo necesitara. Jongin me dijo que no trabajara para concentrarme en el bebé, y le agradezco eso. Un día, conseguí de esas pinturas para piel con la que juegan los niños y me dediqué a dibujarle tatuajes a Tae y a fotografiarlo.
—Adivina qué hice con él bebé —le envié a Jongin en un mensaje de texto.
—Espero no lo hayas vendido. Como que me apegué a él —me respondió. Muy gracioso. Ambos sabemos que si yo vendo al niño él me mata y luego se dispara.
—Nada de eso. ¡Lo tatué!
—¡¿QUÉ?!
Le envié unas fotografías y cuando se recuperó de la impresión, envió una respuesta llena de corazones. Luego, escribió en un segundo mensaje:
—Olvidaré que casi me matas de la impresión. Tae se ve realmente lindo. Y solo por si acaso, aleja las agujas del bebé.
Continuará...
Próximo capítulo: Chanyeolo (creo que es mi personaje más odiado por el mundo, pero es raro xq yo lo amo mushitu).
Gracias, hippocampas por su apoyo, mensajes y amor <3 Me hacen feliz y estoy trabajando más para ver si algún día terminamos Haema, ¿ok?
Fuente Mafi