ciento veintiuno.

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Llevé conmigo un libro en la mano.

El cual ni siquiera me diste la oportunidad de abrir.

Hablamos, jugamos, reímos, bromeamos, bailamos.

Sí, bailamos.

¿Lo recuerdas, metafórico tú?

Yo sí. Claro que sí.

Estábamos jugando a quién-pisa-más, pisándonos los pies.

Y yo casi caí, en el intento de pisarte.

Casi.

Me atrapaste, tomándome por la cintura.

Y sin previo aviso, una de tus manos tomó la mía.

Y la otra la dejaste en mi cintura.

Mis pies aún estaban sobre los tuyos.

Tarareaste una canción, y nos moviste a su ritmo.

 

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