quince.

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Reíste.

Sin muchas ganas de mi parte, nos separamos un poco.

Te reíste de nuevo.

Reí contigo.

Tu risa siempre me hacía reír.

La puerta se abrió y comenzaron a llegar nuestros compañeros con sus habituales caras de que entrábamos muy temprano al colegio.

Ambos nos fuimos con nuestros grupos separados de amigos.

Fue un día agridulce para mi.

Tu promesa me daba esperanza.

Presumí tu muñequera a mis amigas.

Se sorprendieron, tu no dejabas que ni tocaran esa pulsera.

Noté que me miraste de reojo desde la otra punta del salón.

Yo lo entendía, metafórico tu.

Entendía que no querías divulgar tu historia.

Y no lo hice.

Sólo le resté importancia.

Hasta que tu novia se enteró.

Y vino a buscarme.

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