cincuenta y siete.

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Así que decidí que el merecía una oportunidad.

Él no era como tú.

Él era gracioso a su propia manera ingeniosa.

Siempre llegábamos a un acuerdo en las discuciones.

Él era el tipo de chico que te sostiene la puerta y se quita su abrigo para dártelo.

El tipo de chico que te invita al cine y paga las entradas, no importa lo mucho que insistas.

Él se volvió mi tema de conversación.

Tú simplemente no contestabas.

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