Epílogo.

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Y esa es nuetra historia.

La historia que ya no espero que recuerdes, metafórico tú.

Pero necesitaba contártela.

Necesitaba saber cómo fuimos a ser lo que somos: dos simples desconocidos, que se saludan por obligación en la calle.
Dos simples desconocidos, después de todo lo que pasamos.

Dos simples desconocidos, después de nuestra amistad.

Dos simples desconocidos, después de los rumores.

Dos simples desconocidos, después de las mentiras.

Dos simples desconocidos, que se conocen más que a ellos mismos.

Dos simples desconocidos.

Aún me pregunto si cambiaste.

Me preguto si tu nuevo corte de pelo, o que midas 15 cm más que la última vez que te vi; quiere decir que también cambiaste tu manera de pensar, tu manera de discutir, tu humor, tu risa, tus enojos, tus celos, tus rutinas, o incluso la manera extraña que tenías de hacerme saber que todo iba bien.

Pero tus ojos siguen siendo tus ojos.
Tus ojos raros.

Y tu mirada es la misma.

La mirada que me tiene aún como tonta, hipnotizada; incluso cuando sé que el "nosotros" es imposible.

Tal vez te deseo así, como un guante izquierdo que añora la mano derecha.

O tal vez no te quiero a ti, sino al idealizado recuerdo que construí de ti, al metafórico tú.

O tal vez simplemente me niegue a admitir, que aunque tu me olvides, yo siempre voy a recordar.
¿Recuerdas?

 

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