ocho.

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¿Recuerdas por qué me preocupaste?
Puedo asegurarte que aquél fue uno de los peores y mejores días de mi vida.
Quedamos en hablar el día después.
Sabías que odiaba las intrigas.
Aún así me hiciste esperar.
Hablamos donde siempre hablábamos de cosas típicas (música, libros, chistes, películas).
Lo que querías decirme no era nada típico.
Era triste.

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