catorce.

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Entonces te acercaste.

Me dijiste que no llorara.

Prometiste volver a ser el de antes.

A ser el chico popular de siempre.

Y luego prometiste algo más importante.

Tomaste mi mano, y soltaste:

"Con la muñequera cubría mis cortes.

Te la estoy dando por eso.

Ya no tengo nada que cubrir.
Te prometo que no lo voy a hacer nunca más. De verdad"

No sabía qué decir.

Así que tu hablaste.

"Sé que no te gustan esas cosas.

Sé que la gente que lo hace te parece poco valiente.

¿Me perdonas?"

No me pidas perdón, contesté.

Y te abracé.

Nosotros no hacíamos eso.

No nos abrazábamos.

Pero esa vez lo hicimos.

Duró unos minutos, hasta que te golpeé y dije: Si no cumples tu promesa, te quedas sin día del padre ¿está bien?

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