treinta y ocho.

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«Tengo algo que decirte, espero que no te enojes»

¿Tenías que decirme estando tan cerca?

Me puse nerviosa, tu cercanía me ponía así.

¿Recuerdas qué me dijiste?

Ahora recuerdo, y me da risa, metafórico tú.

«¿Puedo presentarte a un amigo mío? Le he hablado mucho de ti y quiere conocerte»

¿Hablabas de mí con tus amigos?

Y te miré, confundida.

«¿Presentarme en plan de qué?» levanté una ceja.

«Oh, de amiga, el no sería bueno para ti como otra cosa»

Y no sé si fue por la cercanía incómoda, o porque quise saber qué hablaban de mí; pero acepté.

Y luego nos hundimos en otro de nuestros famosos silencios, por un rato.

¿Recuerdas?¡Lee esta historia GRATIS!