veintitrés.

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Hoy me crucé contigo en la calle.

Ya te había visto una cuadra atrás.

Tu me miraste cuando estaba ya cerca tuyo.

Yo estaba con mis amigas.

Tu estabas solo.

Es raro que estés solo.

Me preocupas.

Tenías cara triste.

Pero cuando nos viste, sonreíste.

También extrañaba tu sonrisa.

Pero la que me diste hoy, fue tu sonrisa falsa.

No fue la sonrisa de siempre.

Hiciste un gesto con la mano y antes de seguir caminando volviste a sonreír.

No fue la sonrisa con la que discutíamos como niños.

No fue la sonrisa con la que escribíamos cosas absurdas en el brazo del otro.

No fue la sonrisa con la que jugábamos a quién-pisaba-más-a-quién.

No fue la sonrisa con la que me mirabas cuando yo descubría alguno de tus múltiples mensajes en mis cuadernos.

No fue la sonrisa con la que me miraste luego de nuestra guerra de agua en el campamento.

Fue exactamente la misma sonrisa rota con la que me miraste cuando te conté que me había enamorado.

Más bien de quién me había enamorado.

Y no, metafórico tú, no eras tu.

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