cincuenta y dos.

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Y alcancé a dictar el último número, antes de que tomaras mi mano y me guiaras adentro.

A la pista.

Querías bailar conmigo.

Yo también quería.

Llegamos al centro de la pista, me sonreíste y... pasó.

Como siempre, metafórico tú, el universo no estaba de mi lado.
Para nada.

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