cincuenta y ocho.

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Textear se había vuelto aún más repetitivo.

Yo texteaba durante clases.

A ti te molestaba.

Dijiste que algún maestro me descubriría.

Te pedí que vigilaras que no lo hicieran mientras contestaba.

«¿Nunca notaste que yo no tengo tu número?»
Claro que lo había notado.

«Supongo que nunca me lo pediste ¿por qué preguntas?»

Y volviste a estar en silencio.

Tus silencios ya no eran iguales.

Ya no los compartías.

Ya no eran 'nuestros silencios'

Ahora sólo eran tus silencios.

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