sesenta y nueve.

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Llegó la hora de la salida.

Me puse nerviosa.

Tocó la última campana del día.

El mar de alumnos se formó en la puerta.

Allí estaba.

Junto al árbol, como siempre.

Me adelanté a saludarlo.

Te acercaste rápido.

Me puse entre medio de ambos.

Te aclaraste la garganta.

Y esa, metafórico tú, fue mi señal de alerta.

«¿Y si hacemos honor a 'la pareja del café' y vamos a tomar uno?»

El sonrió.

Casi funciona.

Y el 'casi' es el problema.

Él notó que te acercabas.

Y vio a tus amigos tratar de detenerte.

Su sonrisa se desvaneció.

Y entonces el preguntó lo obvio.

«¿Viene hacia acá a golpearme? Porque no le temo al bajito»

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