noventa y uno.

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Ella no sacaba sus ojos de los míos.

Yo no sacaba los míos de los tuyos.

Y tu nos veías a ambas, confundido.

Sentí mi mundo caer en pedazos.

Rabia, rencor, miedo.

Te veías feliz.

Como si estar con ella fuera el mejor logro de tu vida.

Como si lo que me dijiste el sábado jamás hubiera ocurrido.

Como si yo no estuviera ahí.

Como si yo no existriera.

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