ciento veinte.

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Y, siguiendo las condiciones, seguiste con tu mano en mi rodilla.

Mi cara de asombro debe de haber sido bastante notoria, porque cada tanto dejabas de escribir para mirarme y reír por lo bajo.

Era simplemente raro.

Y cuando terminamos, escribiste nuestros nombres en la hoja.

Entrelazados nuevamente por una "y", en vez del reglamentario "-".

Dijiste que la entregarías.

Te levantante, y antes de ir hacia el profesor, me guiñaste el ojo y dijiste:

"Deuda saldada, te prometí que yo estudiaría a la próxima"

Y salimos.

Volviste a abrir la puerta para que yo pasara primero.

En verdad parecías haber borrado el tiempo.

Lo único que quedaba hacer era esperar a las correcciones.

Un estimativo de casi tres horas de espera.
Juntos.

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