treinta y uno.

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Nos pusimos al día.

Dijiste que habías terminado con tu novia.

Me permití hacerme ilusiones.

Lo sé, fue estúpido.

Supongo que mi corazón aún dolía, y sólo tu sabías hacerme sentir bien.

Duramos un tiempo así.

Hasta que nos quedamos sin nada más qué decirnos.

Las palabras se habían acabado.

Estábamos completa e indefinidamente abiertos el uno al otro.

Lo sabíamos todo del otro.

Y comenzamos a compartir silencios.

Y los silencios son hermosos, cuando aprendes a disfrutarlos.

Y los silencios son hermosos, cuando te sientes cómodo.

Y los silencios son hermosos, cuando los comparto contigo.

Y eso era todo, metafórico tú, tan simple e inocente como tumbarnos en el suelo a compartir silencios.

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