sesenta y tres.

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«¿Hoy también va a venir?»

«Eso creo, por suerte la mayoría de nuestros horarios de salida coinciden»

«Sí, por suerte»

Y llegó el fin del día escolar.

Allí estaba otra vez, apoyado a un árbol.

Se veía bien.

Oí a mis compañeros susurrar.

Bajé las escaleras para encontrarme con él.

No podíamos ir a ningún lado.

Yo tenía que esperar cuarenta minutos a que mi hermanito saliera.

Él se ofreció a esperar conmigo.

Tú también tenías que esperar a tus hermanos.

Pero lo hiciste alejado de nosotros.

Nos mirábas desde un par de metros de distancia.

Sí, noté que nos mirabas, porque yo te estaba mirando a ti.

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