ciento veintitrés.

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Luego de nuestro baile, seguimos jugando como niños.

Seguido de una pequeña discución, de esas que nos encantaba tener.

Y, sin ninguna otra alternativa; fuimos al grano.

Dijiste que querías que nuestra amistad fuera la de antes.

Dijiste que me extrañabas.

Dijiste que te arrepentías de haberte cambiado de aula, de haberte alejado de mí.

Dijiste que te harías tiempo para nuestra amistad.
Dijiste tantas cosas.

Cosas que me hicieron feliz.

Pero las promesas no siempre se cumplen, metafórico tú.

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