cincuenta y tres.

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De verdad.

Digo, ¿cuántas posibilidades existen de que apenas llegáramos a la pista mi celular sonara?

Era mi mamá.

Dijiste que no contestara.

Que bailáramos y luego atendiera.

Pero no podía.

Sabía que había ido a buscarme.

Y atendí.

«Si no querías bailar conmigo sólo tenías que decirlo»

¿Es una broma?

Contesté que no fueras dramático.

Y fuimos hacia la salida.

Y en la salida noté que aún llevaba el abrigo de tu amigo.

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