noventa y dos.

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Y deseé no hacerlo.

Deseé no existir.

Al menos en ese momento.

Quise ser un avestruz y hundir mi cabeza en el suelo.

Quería gritar.

Quería llorar.
¿Llorar con quién?

Eso es lo que más dolía.

Llorar con mi mejor amigo.

Llorar con mi mejor amiga.

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