treinta y siete.

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Y subí mi mirada, sólo para rodar mis ojos.

¿Gato?

Y entonces sonreíste.

¿Qué?

«Voltéalo»

"También te quiamo, perro."

Y esta vez, fue mi turno de sonreír.

¿Sabes que es una de las cosas más lindas que alguien ha hecho por mi?

Y luego me golpeó el pensamiento: tal vez quiera que yo use el collar, pero soy alérgica al metal. No podría rechazarlo, pero tampoco podría usarlo.

Entonces miré al suelo, desenchufando nuestras miradas.

Volviste a reír.

«Sé que eres alérgica, no te hagas ilusiones, gato, la cadena es mía, que estés en ella no significa que tenla dé ni nada»

Sonreí, aliviada.

Y te empujé de broma, pero me agarraste del brazo y los dos nos movimos.

Quedamos cerca.
Muy cerca.

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