veinte.

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"Mi novia me contó la escenita de recién. Las mujeres son una histéricas, pero me alegro de que reaccionaras."

¿Qué?

"¿Acabas de llamarme histérica?"

Si lo recuerdas, no fue tu novia la que preguntó eso.

Fui yo.

Y reiste.

Yo también reí.

Tu risa es jodidamente adictiva.

Extraño tu risa, metafórico tu.

Dejamos de reír en cuánto tu novia se aclaró la garganta.

La situación era incómoda.

Y entonces interrumpiste el silencio.

"Creo que ambas saben que esa no es una simple pulsera (muñequera, en realidad, pero no quería interrumpirte) para mí. Si te la regalé, te la quedas.", volteaste a ver a tu novia "¿entendido?"

Ella asintió, no sin antes rodar los ojos.

Y yo reí.

Me doblé de risa.

Ella creía que me burlaba de ella, pero no era así.

Entonces tu también reiste.

Solíamos reír mucho.

Ella soltó su brazo de tu agarre.

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