sesenta y seis.

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Al siguiente día no hablamos nada.

Hasta que empezaste a relatarme tu pelea.

Estábamos en clase, así que nos hacían callar a menudo.

Terminaste la historia.

Habías peleado con él.

Y terminaste todo con un:

«¿Hoy también vendrá a verte ese estúpido?»

Me enojé.

«Supongo, de todas formas viene a verme a mí, no a ti. No sé por qué te enojas»

«Me enojo porque me está quitando lo que es mío»

Tu puño se estrelló con la mesa, haciendo un ruido escandaloso.

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