cuarenta y ocho.

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«Aquí estamos» contesté.

Tu estabas en silencio.

Yo me sentía en la cima del mundo.

Estabas celoso.

Y eras adorablemente insoportable cuando estabas celoso.

¿Sigues siéndolo?

Tu amigo nos sonrió y se presentó.

Yo le imité.

Me saludó con un beso en la mejilla.

Seguido de un «Estás temblando»

Y yo ni siquiera había notado que estaba muriendo de frío.

Estaba inmersa en otra cosa.

En ti.

Como siempre.

Como ahora.

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