ciento catorce.

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Y así fue.

Teníamos tres horas a la semana para fingir que nada había pasado.

No hablábamos de ella, o de ustedes.

También evitaste preguntarme si estaba con alguien.

Aunque era obvio que no.

Al parecer, posees el don de hablar sin hablar de nada en específico.

Y en ese momento te lo agradecí.

No quería hablar.

Quería una distracción de la realidad.

Quería fingir por esas tres horas, que nada había pasado.

Y eso me diste.
Me diste tres horas semanales en el "antes", metafórico tú.

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