veintiséis.

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No hablamos por cinco meses.

Ambos seguíamos llegando temprano a la escuela.

Sólo que yo llegaba antes para hablar con él, no contigo.

No nos dignábamos ni a saludarnos ¿recuerdas?

Y es que, si hay algo que en verdad tenemos en común, metafórico tú, es que los dos somos jodidamente orgullosos.

Siempre me pregunté ¿qué fue de ti en esos cinco meses?

Por mi parte, yo fui muy feliz.

Él era en verdad considerado conmigo.

Y aunque nunca me creíste, nunca fue mi novio.

Me lo pidió muchas veces.

Muchas veces me negué.

Y decidimos ser sólo amigos, como lo era contigo.

Sólo que yo ya no era tu amiga.

Sólo que ya no discutíamos.

Sólo que ya no jugábamos como niños.

Sólo que ya ninguno dejaba mensajes graciosos en el cuaderno del otro.

Sólo que ya no nos poníamos apodos.

Sólo que ya no nos contábamos secretos.

Sólo que ya no nos reíamos a carcajadas.

Sólo que ya no nos metíamos en problemas.

Sólo que ya ni siquiera nos dirijíamos la palabra.

Sólo que te extrañaba a mares, así como te extraño ahora.

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