ciento seis.

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La gente decía cosas, como siempre.

El problema es, metafórico tú, que las cosas que decían ahora parecían ser con más fuerza, más hirientes.

Yo era la mal amiga.

Yo era la puta.

Yo te había separado de tu mejor amigo.

Yo era la zorra.

Yo era muchas cosas, según ellos.

Y por más decabellada que sonara la idea en mi mente, aún tenía la esperanza de que me defendieras; así como solías defenderme antes.
Antes.

A esa palabra se reduce todo.
Antes.

En fin, me hundí en un mar de mentiras, llanto, rabia, soledad y desilusión.

Exactamente como me hundo ahora, en esas cinco letras.
Antes.

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