ochenta y nueve.

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Ella sonrió, pero había preocupación en sus ojos.

Supongo que tu esperaste a que riéramos con tu comentario.

No lo hicimos.

Tu no lo sabías, pero me estabas matando allí mismo.

Luego de unos segundos, junté todo el coraje que pude.

Y levante la vista.

Te miré.

Había imaginado el lunes exactamente así.

Sólo que en mi mente, el papel de mi amiga lo tenía yo.

Y ella el mío.

Dime, metafórico tú ¿qué pasó con lo que dijimos el sábado?

Y te lo pregunté.

Me miraste desconcertado.

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