cuarenta y nueve.

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Seguías en silencio.

Parecías muy enojado.

Yo fui conciente de mi frío.

Empecé a decir que me volvería una pro-pantalones-en-fiestas.
Reíste.

Me gustaba hacerte reír.

Tu amigo nos miró confundido.

Luego se quitó se chaqueta.

Me la extendió y antes de aceptarla, te miré de reojo.

No sé por qué.

Le agradecí y le dije que no quería responsabilizarme por su futura pulmonía si se quitaba la chaqueta.

«Claro, pero seré el caballeroso de pulmonía» y la colocó sobre mis hombros.

Me daba hasta la rodilla.

Era en verdad muy grande.

Tu bufaste.

Dime, metafórico tú, ¿estabas celoso otra vez?

«Te queda gigante, toma la mía»

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