cuarenta y uno.

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Volteaste y saludaste con mucha confianza.

Supuse que él era tu amigo.

Lo había supuesto bien.

Me levanté y me fui.

Sentí que necesitaban tiempo, parecían charlar entretenidos y ya habría tiempo para presentaciones.

Fui con mis amigas a la pista y bailamos un tiempo.

Luego fuimos a la cabina de fotos.

Bebimos y comimos.

Seguimos bailando.

El frío se me fue, pero sólo para darle lugar al dolor de pies que no tardó en venir.

Y me encaminé sola hacia los sillones.

Estaba sola, hasta que alguien se colocó en el sillón de al frente.

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