cinco.

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Dos semanas pasaron.

Estábamos a mitad de época de exámenes cuando entré.

Y entonces, ese día,  teníamos exámenes de inglés.

Era en pares, y la profesora elegía estratégicamente con quién sentarnos.

Esos eran los únicos momentos en los que nadie se quería sentar con alguien como tú.

Todos ansiaban sentarse con la chica más inteligente, a la que (como en cualquier materia) se le daba muy bien el inglés. 

Entonces le asignaron comparñera a ella, a la chica más lista del salón.

Su compañera era yo.

Todos soltaron una mirada de envidia, tendría un 10 asegurado, o eso creían. 

Yo no hablaba mucho, pero me enteré de que el peor en inglés eras tú. 

Y le pedí a la profesora sentarme contigo, porque nadie quería hacerlo. 

Todos te esquivaban, lo que era raro ya que siempre parecías estar rodeado de amigos.

La profesora se negó, diciendo que yo era nueva y que sería mejor que alguien a quien se le diera bien el inglés se sentara junto a mi. 

Era una forma delicada de decir que tenía que empezar con una buena nota.

Yo no quería que nadie hiciera el exámen por mi, mucho menos quitarle a alguien la oportunidad de sentarse con alguin tan inteligente, como la que me tocó por compañera. 

Y así se lo expliqué ¿recuerdas? Se lo dije en inglés, procurando tener perfecta pronunciación y sin olvidar explicar a que iba a un instituto para aprender el idioma. 

Claro que no le expliqué que me dio lástima que nadie quisiera sentarse contigo.

Así como tampoco le expliqué que yo, de hecho, quería hacerlo. 

Y ella asintió y me sentó contigo no sólo en el exámen, sino también en el resto de las clases  ¿recuerdas? 

Así fue como comenzamos a hablar.

Así fue como tus notas de inglés subieron, también.

A mi me importaba más lo primero.

Creo que a ti sólo te importó lo segundo. 

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