Capítulo 65

3.1K 331 2
                                    

            Los siguientes dos días es lo mismo, dormimos de día y despertamos de noche, nadie viene a molestarme, solo Iván trae mis comidas o Ilea se pasa por aquí dos veces para conversar, es agradable escucharla pelear con Esmerald quien le dice que no puede bajar al sótano por que podría volverme loca y atacarla, pero Ilea tal parece que confía en mí y definitivamente nunca le haría daño, es parte de mi familia y a pesar de que antes quería matar a Spector mis pensamientos comienzan a aclararse respecto a él. Ahora sé que no es malo, pero sus métodos poco convencionales han herido a mucha gente incluyendo a su propia familia. He hablado con Iván, y a pesar de que a él le cuesta aceptarlo decidimos no lastimar a Spector.

Otra de las buenas noticias es que André no ha venido a verme lo cual agradezco eternamente, no quiero volver a ver a ese traidor hasta el día que le arranque mi corazón y Dominic lo mate. El ruido de arriba me desconcentra de mis pensamientos, agudizo el oído y escucho que Spector y Miguel harán un rondín en la ciudad además de traer un poco de comida. Oigo más murmullo pero no pongo atención, espero que haya un total silencio para levantarme y salir de aquí.

Al entrar a la parte de arriba veo que no haya nadie y salgo, no hay nadie en la cocina ni en la sala, ya está por amanecer según el reloj que está colgando de una de las paredes, supongo que los que se quedaron estarán arriba listos para dormir. Emprendo mí huida y con el más rotundo éxito salgo sin hacer ruido, me doy una palmadita mental mientras comienzo a correr por la calle aunque tardó más de lo esperado por el repentino cansancio.

Al llegar a la ciudad usó el gorro de mi sudadera para cubrirme la cabeza, caminó hasta los suburbios de San Francisco, se que esta vez sí estoy loca y que podría meter a mis padres adoptivos en apuros, pero tan solo necesito verlos más de cerca. He tratado de ahuyentar esos pensamientos, quedarme con los recuerdos de que están bien y que siempre me amaran a pesar de que creen que estoy muerta, pero simplemente no puedo vivir con eso.

Con cuidado entro a la que solía ser mi casa, por la parte de atrás, doy gracias a que no tenemos perro, saltó la cerca con dificultad y me escondo atrás de unos arbustos, intento ver si hay alguien pero nada, recorro el jardín e imploro porque la puerta trasera esté abierta. Me abstengo a gritar de emoción cuando acciono la manija y la puerta se abre, no espero ni un segundo más y miró mi casa.

Todo luce como antes, con excepción de que la han pintado de color verde pistache, hay fotos por doquier mías y de mis hermanas, hay muchas de Elena junto con el chico de la otra vez. Ella se ha casado, miro sus fotos y no puedo evitar sonreír al ver lo hermosa que se ve. Tocó los sofás, las repisas, todo para sentir la textura de cada uno de los objetos que hay aquí. Corro por las escaleras y entro a la habitación de mis padres, me recuesto en su cama y aspiró el olor. Un nudo se instala en mi garganta pero no hay lágrimas. Me quedo un rato sentada meditando y observando el lugar, en verdad nada ha cambiado.

Antes de irme, hago un recorrido por las habitaciones de mis hermanas y por último la mía, absolutamente todo está igual a como lo dejé la última vez, justo antes de irme a Rumania. Me tomo otro momento para sentarme en mi cama y pensar en mi último día aquí.

— Sabía que vendrías —dicen a mis espaldas y pego un brinco, me giro y un suspiro de alivio sale de mí al ver a Claudius.

— No vuelvas a hacer eso —vuelvo a sentarme y tomo mi cabeza entre las manos—. Me has dado un maldito susto de muerte.

— ¡Ah, qué bien! —dice con sarcasmo.

— Claro, olvidaba quien era Claudius y su forma de ser —me mira serio, se sienta a mi lado y ambos miramos hacia la ventana—. ¿Por qué me seguiste?

My Immortal (Fény 1#)   |   EN EDICIÓNDonde viven las historias. Descúbrelo ahora