Después de tanto follón con lo ocurrido anteriormente, llegamos al hospital. Tuvimos que convencer a la jefa de estudios para que yo, la tutora, y los amigos de Sandra, pudiéramos ir para verla, porque no sólo nos bastaba con que fuera Lourdes y que nos dijera por Whatsapp, que está bien.

Estuve detrás de Lourdes para que comiera algo en la cafetería, y la verdad, es que no fue difícil de convencerla, así que bajamos los dos solos a la cafetería a tomarnos algo. Lourdes se pidió un sándwich mixto con un zumo de naranja, y yo un café con un croissant.

Cuando el camarero nos dejó la comida pedida en la mesa, Lourdes me preguntó exactamente, que había ocurrido a primera hora de clase:

-¿Qué ocurrió exactamente?.

-Sinceramente, no tengo ni idea. Yo no estoy en la clase de su hija. Estaba bajando las escaleras, cuando de repente, oí gritos diciendo sacadme de aquí y supuse que esos gritos provenían del baño, y no me había equivocado-le expliqué:-Sandra se puso a chillar como una loca, supuse que estaba asustada, y me dijo que pidiera ayuda, que Carla y Diana la estaban pegando, pero cuando llegué, fue todo muy tarde. Deprisa y corriendo, fui a avisar a su tutora, aunque me hubiera dado igual qué profesor me habría acompañado, porque sólo quería que abrieran la maldita puerta del baño de chicas, pues, no sé cómo, pero esas dos brujas consiguieron la llave, para encerrar a su hija, y que de esa forma, no pudiera salir. Cogimos una copia en conserjería, llegamos, y vimos a Sandra en el mismo estado en el que la viste cuando llegaste y la ventana de un pequeño cuarto de limpieza que está dentro de ese baño, abierta. Pensé que esas dos, se habían escapado, porque no había ni rastro de ellas, hasta que encontré-y la saqué de mi bolsillo:-esta pulsera de Pandora con piedritas rosadas, que es de Carla, por lo que, no van a tener escapatoria.

-Tenía un aspecto horrible...espero que se ponga bien-sollozó la madre.

-Estoy seguro de que sí se pondrá bien...Sandra es una chica fuerte, por mucho que lo niegue-e intenté sonreír.

-Espero que esas dos diablas tengan su merecido. Sandra me ha contado todo lo que ha pasado entre vosotros dos, incluyendo al vídeo de la verbena de Igueste, y siempre me ha parecido una chica muy mala, pero nunca pensé en que iba a llegar a este punto...

-Yo también pensaba lo mismo que tú, Lourdes.

-¿Sabes por qué querían pegarla?-me preguntó.

-Ni idea. No sé si antes, cuando llegó al insti, habló con ella, no tengo ni idea. Para saberlo, es mejor, que Sandra, cuando esté bien, nos lo cuente todo. Y yo también quiero que tengan su merecido, porque me ha molestado muchísimo que me haya drogado para caer a sus pies, cuando ella sabía realmente que yo quería estar con Sandra.

-¿Puedo hacerte otra pregunta?-me pidió Lourdes.

-Dime.

-¿Tú siempre has querido a Sandra, a pesar de que hayas estado con Carla?.

Siempre quise a Sandra. Cuando yo veía a Carla y la besaba, me imaginaba a Sandra:

-Por supuesto. Siempre la quise-respondí:-Si estuve con Carla, fue para olvidarme de ella, porque no soportaba verla con David, además de que nunca he tenido una muy buena relación con él, pero por mucho que lo intentara, fue imposible.

-Aunque te lo haya preguntado, siempre lo pensé.

-¿Por qué?-pregunté.

-Porque desde el primer momento me caíste muy bien, y eras, y sigues siendo, un chico excelente para mi hija. Siempre he tenido una muy buena visión de ti, y cuando me enteré de que estuviste con Carla, me sorprendió, y supuse, que un chico tan bueno y  tan educado como tú, no iba a estar con una chica como esa bruja, por amor.

-Gracias-y le sonreí.

-¡No me las des!. Es la verdad. Y Sandra siempre me lo decía, cuando empezaron a salir. Y siempre ha hablado bien de ti, a pesar de los problemas que han habido entre vosotros.

Me estoy empezando a volverme sensible...:

-Bueno...y respecto a esas dos...¿qué quieres hacer?.

-Quiero denunciarlas, aunque como son menores de edad, la denuncia caerá a sus padres-contestó:-El problema es que no tenemos pruebas...

-No estoy seguro, pero creo que en los baños, tanto en el de las chicas, como en el de los chicos, hay cámaras...-respondí.

-¿Sí?.

-Sí-afirmé:-Pero prefiero que mi tutora te lo confirme bien. Tendremos los vídeos de las cámaras, y también, la pulsera de Carla, que dejó rastro. Si las denuncias, no sé si Carla será expulsada, pero Diana, seguro que sí lo estará, porque su expediente no es que esté muy limpio. Aún así, ambas recibirán un castigo.

-Esperemos.

De repente, vi entrar a un hombre alto y barbudo. Llevaba una chaqueta de cuero enorme y tenía un estilo bastante motero. No sé por qué, pero su cara me dio un aire a Sandra, ¿no será su padre?.

Se acercó a Lourdes y la saludó con dos besos, y después, me saludó a mí:

-Hola, soy el padre de Sandra, Roberto...¿y tú?...tú eres Álvaro, ¿no?.

-Sí, soy yo, encantado-y lo saludé dándonos la mano.

-Sabía que eras tú. Mi hija siempre me ha hablado muy bien de ti-me explicó mientras se sentó al lado de Lourdes.

-Me alegro.

Vi entrar a un médico acercarse a nosotros. Enseguida, los padres de Sandra y yo, nos levantamos hasta que él nos hablara para que nos dijera algo:

-¿Se va a poner bien?-sollozó Lourdes, mientras Roberto la abrazaba.

-Sí-afirmó el médico sonriendo:-Se va a poner bien, porque no ha tenido lesiones graves, pero lamentablemente, tendrá que quedarse en el hospital por lo menos, tres días, para curarla profundamente.

-Pero...espera...¿qué tipo de lesiones tiene?-preguntó el padre.

-El labio sangrentado y varios moratones fuertes-respondió el médico:-Aunque sus lesiones no hayan sido graves, su aspecto estaba bastante mal, por esa razón, hemos decidido que se quedara aquí tres días, para que vaya sana y buena para su casa.

-Muchas gracias, doctor-le sonrió Lourdes.

-¿Puedo ir a verla primero?-le pedí a mis suegros.

-Claro-afirmaron.

-Por cierto Lourdes...-saqué de mi bolsillo, mi cartera y le entregué mi parte del dinero de la comida:-Para cuando pagues mi comida, por favor.

-De eso nada jovencito-me dijo y me lo devolvió:-Del dinero me encargaré yo. Muchísimas gracias por acompañarme en este momento tan duro para mí.

No puedo estar más contenta con la madre de Sandra. ¡Es tan buena!. La cogí, la abracé bien fuerte, y la besé en la frente, ya que es más bajita que yo:

-A usted.

-Y por favor, no me llames más de usted, me haces sentir más mayor-y se echó a reír.

Me alegra ver que ya no está tan mal y que por lo menos, está mejor. Lo puedo ver en su sonrisa, igualita que la de mi novia.



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