El sábado quedé con Diego para hacer el trabajo de Tecnología. Vino a mi casa. Mientras estábamos buscando información sobre la energía hidráulica, le nombré a David:

-¿Sabes que Carla fue el viernes a ver a jugar a David?.

-Ah sí, lo sabía-me respondió.

-Y me dijo Carla que según David, yo no fui a verte a ti, sino a él.

-Es que...-me dijo.

-¿Qué pasa?-le pregunté un poco asustada.

-Hay una cosa...que tú no sabes que quiere hacer David con vosotras dos.

Empezó a contarme. Me contó que ése mismo día, en las duchas del polideportivo, David le contó a su mejor amigo que quería tenerme a mí y a Carla en el bote y que luego iba a ver con quien iba a enrrollarse.

Según Diego, David dijo que a pesar de que me haya dado calabazas, sigue sintiendo algo por mí pero tampoco está seguro si está empezando a sentir algo por Carla.

Técnicamente, David nos tiene a nosotras dos como a dos juguetes con los que jugar y divertirse:

-Lo siento Sandra-se disculpó Diego.

-No pasa nada-le dije:-Nadie tiene la culpa de que sea un gilipollas.

-Olvídate de él. Es lo mejor. Hay chicos mejores que ese niñato-me aconsejó:-Además ya sabes que David nunca me ha caído bien. Es un creído y creo que ya te habrás dado cuenta de lo que he oído en las duchas.

No me puedo creer que David quiera tener a Carla y a mí en el bote. ¿Pues sabéis qué? Dentro de poco David se va a llegar una sorpresita. Se pensará que soy un angelito, pero en el fondo, soy una pesadilla envuelta en un sueño

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