Al día siguiente, mis compañeros se pusieron contentos al ver mi presencia y la de Álvaro en el instituto.

Celeste y yo fuimos a hablar con los ex amigos de David en el recreo. Estaban sentados con David:

-¿Qué pasa cabrón?-habló uno, que tenía un piercing en la ceja:-¿Te llevaste a alguna piva en Carnavales?.

David no respondía a ninguna burla de sus ex amigos:

-Ah verdad, que con lo feo que eres ninguna chica se te acerca-respondió otro chico, que se llama Héctor:-Es una pena que Sandra te haya dado calabazas. Me das tanta pena...das asco chaval-y le dio un pequeño puñetazo en el brazo.

Esa última frase que dijo me hizo enfadar demasiado. ¿Quién se ha creído que es para utilizar mi ruptura con él en una burla?:

-¡Ey! ¡Déjale en paz! ¿Vale?-exclamé cabreada. Han conseguido sacar mi lado diabólico.

-Anda David, ya apareció tu heroína-se burló otro chico de la pandilla. Eran cuatro en total: Héctor, Christian (el del piercing en la ceja), Nacho y Agustín. El que había hablado en ese instante era Nacho.

-¿Estáis sordos o qué os pasa?-intervino Celeste:-Déjenle en paz. No os ha hecho nada.

-¿Qué no nos ha hecho nada? Nos dejó tirados por la guarrilla esa de Carla.-habló Agustín:-Y como sigan metiéndose en donde no le llaman, se van a enterar.

Di un paso adelante acercándome a Agustín. Era un pelín más alto que yo:

-¿En donde no nos llaman? Te recuerdo que estuve saliendo con él y no se merece lo que le estáis haciendo. ¿Cómo podéis ser tan cabrones?.

-No dan miedo si es lo que intentan conseguir-habló mi amiga pelirroja.

-¿Cómo nos has llamado?-preguntó Agustín agresivamente.

-¡Cabrones!-exclamé bien fuerte.

Agustín me metió un puñetazo fuerte en la barriga que me hizo chillar fuerte del dolor causado.

Mucha gente observó el gesto de Agustín y también me observaron cuando me caí al suelo de espaldas por el daño que me hizo ese subnormal. Incluso mis amigas, Diego y Álvaro se aterrorizaron.

Se metieron en la pelea:

-¿Cómo te atreves Agustín?-preguntó Lucía:-¡Las cosas se arreglan hablando y no pegándose!.

-¿Quieres recibir lo mismo que recibió tu amiga?-le preguntó mientras preparó su puño para pegarla.

-¿Y tú puedes parar de pegar a todo el mundo que pareces el monstruo de la selva?-intervino Álvaro defendiendo a su mejor amiga.

Celeste, Diego y el resto de mis amigas se acercaron corriendo para protegerme de esos bandidos :

-¡Dios mío Sandra!-exclamó Celeste

-¿Estás bien?-me preguntó Diego.

-Me...me duele...un poco la barriga.

-Son unos gilipollas-comentó Emily.

-¿Qué has dicho Emily?-preguntó descaradamente Nacho.

-¡Ey!-exclamó Alex para intentar frenar a Nacho, defendiendo a su novia:-Ni se te ocurra tocarle un pelo.

-Dios mío...es que me duele demasiado-me quejé. Agustín fue un salvaje al pegarme...

Diego me cogió agrarrándome por las axilas y Celeste cogió mis pies. Me tumbaron boca arriba en un banco del patio y se quedaron conmigo para protegerme de esos subnomales.

Ahora que pienso...es demasiado extraño que David no haya hecho ni dicho nada:

-Chicos...es demasiado extraño que David no haya hecho ni dicho nada respecto a esto...¿no pensáis lo mismo que yo?.-hablé.

-Shhh, no hables que si no te pones peor-me hizo callar Diego.

Álvaro se sentó a mi lado y me acarició la rodilla:

-¿Cómo estás?-me preguntó.

-Bueno...me duele...la barriga...es que me dio fuerte.

-Será animal...-murmuró entre dientes.

Álvaro se levantó del banco y vi que intentó pegarle a Agustín. Justo cuando le iba a dar el puñetazo en todo el morro, Lucía le detuvo, agarrándole del brazo con el que iba a pegar a Agustín:

-¡Álvaro! ¡No seas animal, anda!

-¿Cómo que animal? Ha pegado a Sandra...nunca se debe pegar a una chica.

-Pero tú no eres Agustín. Eres Álvaro-intentó tranquilizarle Lucía.

El dolor de barriga empezó a quitarse. Comencé a encontrarme mejor, por lo que, me levanté del banco y finalicé esta batalla:

-¡Basta ya!-exclamé bien fuerte.

Mis compañeros dejaron la violencia a un lado y empezaron a mirarme.

A dos vidas¡Lee esta historia GRATIS!