Esta semana se pasó volando, y cada día estoy más feliz porque me estoy quitando los exámenes de encima y me estoy acercando a las vacaciones de Navidad.

Dentro de dos semanas, ya serán vacaciones y ya no tendré que estudiar más. ¡Bien!.

Hoy era viernes, y al salir de la última clase del día, Biología, vi a David bajar por las escaleras.

Habíamos quedado después de ir al instituto a ir a su casa a almorzar con sus padres. Si os soy sincera, cuando David me dijo que iba a conocer a sus padres, me acordé de cuando fui a la boda de la hermana de Álvaro y antes del evento, me dijo que iba a conocer sus padres.

Fuimos a su casa en su scooter. Él siempre va al instituto en scooter y se la regalaron por su cumple por lo que lleva unos meses siendo de él.

Me monté en su scooter, detrás de él y abrazándolo de su abdomen.

Salimos del instituto y en medio camino, tuvimos que parar porque el semáforo estaba en rojo.

A nuestro lado, había un coche rojo precioso, y en él estaba conduciendo un hombre. Por su físico, parecía tener entre treinta y cuarenta años. A su lado había un chico, pero yo le echaba nuestra edad. Quizás sea el hijo de ese hombre.

El hombre bajó la ventanilla del coche y le habló a David:

-Hombre, no te esperaba aquí David.

El chico se metió en la conversación:

-Hola David-saludó pícaramente.

Por lo que veía, esas dos personas no hablaban muy agradable que digamos.

Noté como David aceleraba el motor del scooter cada vez más y más. Cuando el semáforo se puso en verde David empezó a conducir el scooter tan rápido que estaba a punto de marearme:

-¡Para David! ¡Para!-exclamé enfadada.

Ignoró mi mensaje y siguió hasta que paramos en un sitio, donde habían unos contenedores de basura.  Nos bajamos del scooter y él la tiró bruscamente al suelo, y menos mal que no la rompió.

Empezó a dar patadas a los contenedores. Creo que las dos personas del coche le hizo rabiar:

-¡David! ¡Para ya, estás haciendo el ridículo!-exclamé.

Siguió dándole patadas a los contenedores. No me quedó otra que subirme a la pela para agarrarlo y que parase ya:

-¡Joder David! ¡Ya está!-chillé.

Poco a poco, se fue calmando y me bajé de la pela:

-¿Quiénes eran esos dos hombres?-le pregunté.

Estuvo unos cuantos segundos sin responderme, por lo que, me senté en el suelo y esperé hasta que él me dirigiese la palabra.

Mis ojos empezaron a humedecerse. ¿Por qué no me habla, si no le he hecho nada?, no puede ponerse de esa forma porque eso sería peor para él…

David se sentó a mi lado, me besó en el cuello y me acarició la nuca:

-Perdóname.

-Tranquilo-le dije:-No pasa nada.

-El hombre que estaba conduciendo, era el ex de mi madre.

-Vaya…¿te llevabas mal con él?.

-Al principio no-explicó:-Más tarde sí, porque la violó.

Me llevé las manos a la vabeza. ¿Cómo puede hacer eso un hombre a una mujer?...¿Cómo puede ser tan?…¿cruel?:

-Un día, llegué a mi casa de hacer la compra. Oí unos chillidos de mi madre de los cuales, procedían de su cuarto. La puerta estaba cerrada por lo que la abrí y vi a mi madre de pie pegada a la pared con las muñecas atadas. Ese hombre tenía un cinturón y la pegó delante de mis narices.

A dos vidas¡Lee esta historia GRATIS!