-Es normal que estés alucinando en colores, pero ya era hora de que lo supieras. Si estuviese en tu lugar estaría como tú o incluso peor. Si supiese algo más te lo diría, pero eso es lo único que sé.

Tragué saliva e intenté respirar poco a poco, para que no me alterase. ¡Dios, en serio! Es que me quedé como una estatua. ¿Cómo ha podido engañarme durante todo el tiempo que llevo saliendo con él?

Me esperaba que esa persona fuese alguien de clase. Un compañero, por ejemplo, pero ¿David?, ¿mi novio?, ¿a quién se le ocurre?.

No sé que pensar de David, porque estoy demasiada decepcionada:

-Sandra, ¿estás bien?-me preguntó Celeste.

-¿Por qué…no me lo contó directamente en lugar de armar este follón? Porque incluso por el día de Reyes, dejó un paquete en mi casa y era una foto nuestra.

-Se lo pedí a él. Quería que me perdonaras...

No podía aguantar más las palabras de Celeste. No estaba enfadada ni nada, pero es que necesitaba estar sola después de haberme llevado un disgusto muy grande.

Me levanté de la mesa, cogí la bolsa del pan y me fui de la cafetería, dejando sola a Celeste.

En ese momento, nadie ni nada me importaba. Lo único que me importaba y lo que más me ha afectado, es que David me haya traicionado. 

Mañana, me deberá varias explicaciones. Quizás tenga que contar la Biblia.

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