Estrellita estrellita

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-Deberías darme cuarenta puntos extra por esto -masculló en un susurro que a duras penas logré oír.

Yo estaba más atento a que no se cayera de la ventana desde el segundo piso y se rompiera la nuca. No quería ni tener que pensar en cómo les explicaría eso a sus papás. "Disculpe, su hija se les cayó desde su cuarto y está medio muerta ¿Dónde la dejo?" Definitivamente no iba a funcionar. Valerie bajó con mayor facilidad de la que jamás hubiera imaginado. No dudó mucho en pasar de la especie de balconcito de su ventana a un enorme árbol que había cerca y se deslizó por las ramas hasta llegar al tronco que era medianamente bajo.

-Creí que eras ángel, no mono -bromeé.

-Es que llevo mucho tiempo parando con animales -sonrió burlona.

-¿Te ayudo? -me acerqué tendiéndole una mano.

-Oh sí, como estoy a cuarenta metros del suelo. Necesito tanta ayuda... -intentó esconder su sonrisa mientras decía con más que evidente sarcasmo.

Dando otro paso hacia ella, rodeé su cintura con mis brazos y la cargué. Ella soltó un gritito abrazándose de mi cuello a la vez que escondía en él su rostro, riendo. Suavemente la dejé resbalar para que llegara al piso. Sonriendo nerviosa se empinó para darme un rápido pero dulce beso que me robó una sonrisa.

-¿Vamos? -hablé suave, tal y como me lo había advertido.

-Vamos -asintió.

Caminamos tratando de no hacer ruido hasta que por fin salimos del jardín.

-Quizás debimos haber pedido permiso -susurré mientras nos escabullíamos por un caminito hasta mi carro.

-¿Cómo? Creo que he oído mal ¿Dijiste acaso "pedir permiso"?

-Ya, ya, no te burles -arranqué el motor.

-¿Estás enfermo? -fingió estar preocupada.

-Solo no quiero problemas con tus papás.

-No los tendrás -se recostó contra el asiento sin dejar de mirarme.

-Si descubren que no estás en tu cuarto...

-Creerán que estoy paseando por el jardín -me aseguró -suelo hacerlo y saben que me fascina.

-¿No te buscarán? -me incliné para ver mejor si venían carros.

Valerie esperó a que entrara a la pista y no tuviera que estar tan concentrado para responder.

-En todo caso me llamarán por teléfono.

-¿Es la primera vez que escapas?

-Sí -soltó una risita nerviosa y, cerrando los ojos, apoyó su cabeza en el respaldar soltando un suspiro.

-Gracias -susurré a duras penas.

Ella no respondió pero sonrió de una manera especial, demostrándome que entendía lo importante que era todo eso para mí. Nos quedamos en silencio hasta que estacioné en una salida de la pista que daba a una pequeña estepa escondida. Tras unos instantes sin decir palabra, solamente ahí sentados, abrí mi puerta y salí.

-Lamento informarte que este carro no cuenta con un techo descapotable, de manera que si quieres ver algo, vas a tener que bajarte -le dije burlonamente asomándome por la ventana.

Valerie me lanzó una mirada mientras empujaba la puerta del carro. En lo que venía a pararse a mi lado, revisé que el freno de mano estuviera puesto y las llaves estuvieran en mi bolsillo.

-Ven -jalé a Valerie de la muñeca hacia la maletera.

-¿Vas a matarme, meterme ahí y hundir el carro en un pantano? -se burló -¿Quién eres? ¿Norman Bates?

-¿Ah? -la miré desconcertado.

-Psycho -respondió como si eso aclarara todo.

Al ver que no entendía nada de nada volvió a intentar.

-¿Psicosis? ¿Alfred Hitchcock? ¿No?

No sabía si la chica realmente era rara, estaba loca o yo estaba totalmente desubicado. Cuando se dio por vencida soltó un suspiro negando con la cabeza como si yo no tuviera remedio.

-Es un clásico -aclaró.

-Ni idea -me encogí de hombros.

Tomándola de la cintura, la levanté y la senté en la maletera para luego trepar y sentarme a su lado.

-Pude hacerlo yo -protestó sin poder ocultar una sonrisa.

-Lo sé. Deberías agradecer que aún así fui un caballero y te ayudé.

-¿Debería estar agradecida? -preguntó fingiendo estar incrédula.

Ignorando su pregunta me eché, apoyando mi espalda en la luna trasera del carro. Valerie me imitó sin apartar su mirada de mí.

-Lamento que no haya estrellas -dije sin mucho ánimo mirando el oscuro cielo.

-¿Para qué quieres estrellas si yo ya estoy aquí? -bromeó ella girándose.

-Yo qué sé -tomé una de sus manos y entrelacé nuestros dedos.

Nos quedamos un rato en silencio contemplando las nubes que se veían más gruesas que nunca teñidas de negro.

-¡Mira! -exclamó ella de pronto.

Seguí su dedo que señalaba la luna, la cual se ocultaba y reaparecía rápidamente brillando con fuerza iluminando a su alrededor.

-Nada mal -susurré.

-Está bellísima -dijo de manera casi inaudible.

Me acomodé sobre mi costado para poder mirarla mejor. Ella se mantuvo unos instantes con la mirada clavada en el cielo antes de girar su cabeza hacia mí. Al hacerlo, sus ojos brillaron dudosos clavándose en los míos. Había una especie de tensión y magnetismo en el aire. Solamente pensaba en besarla y en sentir sus labios contra los míos pero parecía que ninguno de los dos quisiera romper el momento. Cuidadosamente, sin apartar su mirada de la mía, Valerie se acercó hasta que su cuerpo topaba con el mío. Sonreí sin poder evitarlo y, lentamente, me acomodé para besarla. Primero fue un suave roce de labios. Los suyos temblaron ligeramente por la anticipación separándose muy levemente. Tomándome mi tiempo empecé a besarlos repartiendo caricias con mis labios. Juguetonamente se apoderó de mi labio inferior y tiró de él consiguiendo que me estremeciera. Sin perder un instante más, me apoderé de sus labios intensificando al instante el beso. Nuestras lenguas se encontraron acelerando mi respiración. Era como si nunca pudiera tener suficiente de ella. Tuve que contenerme para no deslizarme encima suyo tal y como mi instinto me gritaba que hiciera. Ninguno de los dos parecía querer separarse nunca. Con ansiedad, la tomé de la nuca, sujetándola contra mí. Su reacción fue inmediata, sus labios contra los míos consiguieron que perdiera la cordura en ese mismo instante. Poco a poco nos separamos respirando agitadamente. Valerie me miró fijamente a los ojos antes de acurrucarse contra mí. La envolví en mis brazos sin dudarlo ni por un instante. Ella había cerrado los ojos y se había aferrado a mi polo. Cuidadosamente empujé con la nariz el cabello que cubría su cuello y empecé a depositar en él suaves besos. Sentí a Valerie temblar ligeramente contra mí y divisé con el rabillo del ojo una sonrisa. Sin dejar de besarla, regresé a sus labios dándole un corto y suave beso. La abracé dejando casi inexistente un espacio entre ambos.

-Me voy a quedar dormida en cualquier momento -me dijo en un susurro algunos minutos más tarde.

-Te prometo que no me iré.

-Una pena que no haya habido estrellas -dijo, evidentemente, cada vez más dormida.

-No las hubiera mirado.

-¿Ah no?

-Estoy contigo -fue mi única respuesta.

Por un instante pensé que no había llegado a oírla hasta que me percaté de que sonreía preciosamente.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!