Compromisos son compromisos

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-Castiel... no sé si quiero un helado.

Me paralicé en ese mismo instante. Girándome sobre mis talones encaré al pequeño.

-¿Cómo?

Mentalmente me intenté obligar a calmarme y ser paciente.

-Nada -se apuró en decir.

Sentí la gran tentación de gruñir un "más te vale" pero al ver la expresión en el rostro de mi hermano parte de mi fastidio se me pasó.

-Vamos renacuajo -suspiré revolviéndole el cabello -¿Qué quieres si no te provoca un helado?

-Un helado está bien -me aseguró tímidamente.

-Habla ahora o perderás tu oportunidad -le advertí.

-¿Podemos sacar a Titán a pasear? -sus ojos brillaron.

-¿Tú vas a llevar la bolsa para recoger si decide ir al baño?

Parecía que se iba a desnucar de lo fuerte que asintió.

-¿Qué tal si vamos con Titán por un helado? -propuse.

Su emoción parecía no tener límites. En dos segundos salió disparado a buscar la correa y un par de bolsas.

-¡Listo! -exclamó con satisfacción, sonriendo con orgullo.

-¿La correa es para ti acaso? ¿No piensas llevar al perro? -me burlé en broma -Corre peque, trae a Titán para que vayamos de una vez ¿sí?

Su sorpresa al notar el pequeño detalle me arrancó una carcajada. No mucho después nos encontrábamos en la heladería. Por más que el enano insistió no le compré un helado doble. Sabía que el azúcar se le subía muy fácilmente y no quería darle más problemas a mi pobre madre dejándole hiperactivo al chico. En cuanto lo recibió, nos sentamos en una mesa fuera del local para no tener complicaciones con Titán. Estaba contándome de no sé qué pelea de dinosaurios que había estado jugando con sus amigos cuando me di cuenta que estaba palpando inconscientemente mi bolsillo en busca de cigarros. Al instante me detuve en seco. Solía intentar evitar fumar delante de mi hermano. Él seguía tan concentrado en su historia que ni pareció darse cuenta de mis dudas y enredos. De pronto una palabra me sacó de mis pensamientos como si me hubieran lanzado un balde de agua helada.

-¿Cómo? -parpadeé sorprendido.

-Te pregunté por tu novia -soltó una risita nerviosa.

Sin dejar de mirarme a la espera de una respuesta, dio otro lengüetazo a su helado de chocolate.

-¿Qué quieres saber? -me recosté contra el respaldar de la silla.

El peque solía hablar hasta por los codos o hacer los interrogatorios más curiosos que había oído. Eso sin contar que tenía un talento innato para pedir cosas diariamente.

-¿Es muy bonita?

El helado empezó a chorrear por el cono hacia sus manos pero él me miraba tan interesado que no pareció darse cuenta.

-Aprende a comer -me reí tirándole una servilleta.

Obedientemente hizo lo que le indiqué antes de insistir con su pregunta.

-¿Eso es lo que más te importa? -sonreí burlón a la vez que acariciaba un poco la cabeza de mi perro para que se mantuviera calmado.

-¿Hay algo más que pueda importarme? -preguntó en respuesta con verdadero interés.

-Es bonita -contesté -no sabría decirte cuánto porque cada vez la veo mejor pero sí es bonita.

-¿La quieres?

Le lancé una mirada.

-Termina de comer ese helado -le dije pasándole más servilletas.

-Lo bueno es que la quieres menos que a mí -sentenció.

-¿Por qué dices eso? -reí divertido de la seguridad de su tono y la seriedad con la que comía su helado.

-Porque viniste conmigo en vez de salir con ella -se encogió de hombros.

-Había quedado contigo antes -fingí aburrimiento y naturalidad -compromisos son compromisos. Aprende eso, enano. Tienes que cumplir siempre lo que dices.

Él supo al instante que lo primero lo había dicho para fastidiar y sonrió con satisfacción. Empezó a lanzar preguntas sobre Valerie, algunas llegando hasta el punto de lo absurdo (¿se volvería ella ahora su nana? ¿sabía si le gustaban los dinosaurios? ¿sería alérgica a los perros? (si lo era, me aconsejó terminar con ella porque nosotros teníamos a Titán desde antes) ). Respondí a algunas de ellas. Ni bien terminó su helado, lo mandé al baño a lavarse y una vez que estuvo presentable de nuevo, nos encaminamos a la casa.

-¿Castiel?

Me volteé para mirarlo, deteniéndome a pocos instantes de entrar por fin a mi cuarto a descansar. Sus ojos parpadeaban especialmente grandes.

-¿Ahora qué quieres?

-Gracias -susurró.

-De nada.

Su sonrisa de satisfacción fue bastante tierna. Sin perderla, se empezó a alejar.

-Tres... dos... uno... -conté en regresiva en un susurro.

Antes de que pudiera terminar de decir "uno" el mocoso ya estaba girándose con su típica carita para pedir algún engreimiento.

-¿Me llevaras pronto por otro helado?

Maldije mentalmente. Si bien en el momento la pasaba bien, la idea de tener que dedicarle mi tarde se me hacía agotadora e incluso un poco hartante.

-Prometo portarme bien -intentó poner un tonito tentador.

-Esa es una resolución muy bonita. Te felicito.

-¡Castiel! -se quejó.

-A mí no me manipulas como a mamá. Creí que te habías dado cuenta.

Se quedó perplejo unos instantes.

-Eso crees -me dijo con una sonrisa traviesa.

Mi sorpresa ante tal declaración me provocó un atorón. Empecé a toser riendo ligeramente entre dientes.

-Ya lárgate a tu cuarto -mascullé aún riendo.

Ante mi asombro, el enano corrió hacia mí, me abrazó velozmente de las piernas y me dedicó una sonrisa.

-Gracias -susurró de nuevo antes de salir disparado a su cuarto.

Puse los ojos en blanco y entré por fin al mio para dejarme caer pesadamente sobre mi cama.

-Si todos los niños son así, nunca tendré hijos -susurré ignorando esa vocecita que me advertía que en el fondo sabía que eso era mentira.

Saqué mi teléfono con cierta flojera y miré la hora comprobando que la supuestamente corta salida había durado casi dos horas. Mi mamá debía estar muy agradecida.

Iba a mandarle un mensaje a Valerie cuando recordé que tenía un lonche familiar o algo similar. Sin mucho ánimo me repetí que por eso habíamos querido vernos antes pero se había cruzado con el plan con mi hermanito y habíamos tenido que cancelarlo. Bostezando, bloqueé nuevamente el teléfono. "Ya nos encontraremos el lunes. A fin de cuentas -me dije -esto no ha sido tan terrible. No la he pasado tan mal." Claro que no pensaba admitirlo delante del enano. ¿Darle la razón o la posibilidad de manipularme aún más? Antes prefería estudiar. Y eso ya decía bastante.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!