Preparativos para una cena navideña

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-Te detesto. Eres una tramposa -le lancé una mirada molesta.

Ella me respondió con una sonrisa como pidiendo disculpas desde la pantalla.

-Si no te cuelgo Skype es porque necesito que me ayudes a saber cómo vestirme.

-¿Me estás utilizando? -fingió estar horrorizada.

-Sí. Hablar con mi mamá fue una jugada muy sucia, señorita.

-Como tú no respondías... -se encogió de hombros con un aire de inocencia.

-Te dije que no me sentiría cómodo.

-Pudiste simplemente decir que no.

-No vale la pena que discutamos. ¿Tengo que ponerme algo formal? -no pude contener una mueca de desagrado.

En el fondo no estaba verdaderamente molesto. Si realmente me hubiera molestado no iría. Así de simple. Estaba principalmente desconcertado porque por algún motivo sentía algo de nervios.

-Una camisa y un pantalón medio serio bastarán.

Le había dado la espalda a la pantalla mientras recogía algo que había notado en el piso, pero al oírla decir eso, me giré de golpe para encararla.

-¿De verdad crees que tengo una camisa y un pantalón serio? Déjame decirte que estás medio loquita.

-¡Qué malo! -rió.

-¿Malo yo? Me siento ofendido de que creas que podía tener algo así de...

-¿Nerd? -alzó una ceja.

Su semblante había cambiado.

-No nerd... simplemente...

Ella me miraba seria, esperando mi respuesta.

-...muy chico bueno -completé.

-Solamente intenta ponerte algo un poquitín más elegante. No puede ser que no tengas nada de nada.

-¿Estás segura de que conoces a Castiel, querida? -sonó con dulzura una voz a mis espaldas.

-¡Mamá! -protesté volteando hacia ella.

Iba a reñirla por meterse en mi cuarto y en mi conversación cuando me fijé en lo que tenía puesto.

-Wow -se nos escapó tanto a Valerie como a mí.

-¿De dónde salió eso? -fruncí el ceño mirándola de pies a cabeza.

-¿No dijiste Valerie que era formal? -preguntó un poco aturdida.

-Sí -contestó ella desde la pantalla -se ve increíble -añadió con sinceridad.

-No sabía que tuvieras vestidos así... -yo seguía perplejo.

-Solo tengo este... Es de la época en la que estaba con... -se quedó callada.

Solté un suspiro.

-Ya entendí.

Valerie pasaba su mirada de uno a otro.

-Tiene que haber algo que puedas ponerte -murmuró tiernamente antes de dirigirse a mi novia que seguí perpleja y sin saber qué decir -Valerie, ¿tu papá usará terno?

-Ah no. Eso sí que no -me paré de un salto -No pienso ponerme en plan pingüino de nuevo. No hay forma. Sabía que todo esto era una pésima idea.

-Sí, él y mi abuelo usan terno.

-¿No se supone que es algo familiar? -me giré fastidiado hacia ella dejándome caer nuevamente en la silla.

-Es una costumbre familiar -se encogió de hombros con una sonrisa tímida -mi abuelo cuenta siempre que su papá comía hasta en verano con saco y que siempre se arreglaba para comer. Era la costumbre de la familia. Arreglarse para comer...

Me abstuve a duras penas de murmurar "anticuados" entre dientes.

-...Mi abuelo es bastante especial con esa tradición. Solo la toma en cuenta en Navidad, porque era la fecha favorita de su papá, pero aún así.

-¿De qué siglo era tu bisabuelo? -pregunté sin poder evitarlo.

Al instante sentí un coscorrón, cortesía de mi mamá. Le estaba por lanzar una mirada fastidiada cuando me encontré con sus ojos molestos que bastaron para que me controlara.

-Del diecinueve. Con las justas, pero del diecinueve -hizo un par de cálculos mentales -Creo que era del noventa y siete. Mi abuelo es del veinticuatro.

-Bueno... eso explica un poco...

-¡Castiel! -me riñó mi mamá.

-¿No está senil?

-¡Castiel! -me volvió a caer una reprimenda.

-No, no lo está -rió Valerie.

-Dijiste que me podría llevar bien con él ¿no?

La vi asentir con una leve sonrisa esperanzada.

-Está bien -suspiré de mala gana -me pondré terno. Pero ambas salgan de mi cuarto. Mamá, ya abusaste de intromisión a mi zona privada y tú, Valerie, no seas mañosa -le guiñé un ojo.

Ambas protestaron y rieron mientras las sacaba del lugar de una u otra forma.

Llegamos a la casa de Valerie cuando el sol ya se había puesto. Mi mamá había conseguido un mini terno para mi hermanito con moñito en vez de corbata. Era la ternura con patas. Eso no le quitaba estar tan fastidioso como siempre. Aunque Valerie había insistido en que no lleváramos nada, mi mamá había sido más terca aún y terminó haciendo un postre tamaño extra-large para llevar, además de casi forzarme en regalarle algo a Valerie. Una vez parados frente a la puerta, cedí a mi conciencia de mala gana y me acomodé la corbata antes de tocar el timbre.

-¡Llegaron! -Valerie exclamó sonriente al abrirnos la puerta.

Saludó al enano que pasó primero seguido muy de cerca por mi mamá que no sabía cómo mantenerlo vigilado y cargar el postre sin que se le caiga a la vez.

-Hola, angelito -susurré al darle un beso en la mejilla como saludo sintiendo el suspiro de alivio que escapaba de sus labios -¿llegaste a creer que no vendría?

-Perdona por dudar -hizo una mueca, dolida -es que en serio no querías venir...

-No es que no quisiera venir. Te puedo asegurar eso.

Definitivamente mis palabras le robaron una sonrisa.

-¿Qué tanto cuchichean por ahí?

Ambos nos separamos, yo, con calma, Valerie, dando un brinco y sonrojándose.

-Perdón por acapararlo -murmuró con una sonrisa traviesa, recuperándose al instante -ahorita se los presento.

Mi mamá ya había desaparecido en dirección a la cocina con la mamá de Valerie. Ella se dedicó a presentarme a sus abuelos y unos tíos.

-Ella es mi tía Manuela, mi tío Eduardo y mis abuelos maternos y mi abuelo paterno.

El viejito se paró ignorando la mano que le tendió mi enamorada para ayudarlo y tras estirarse todo lo alto que era (que tampoco era mucho), caminó con paso firme hacia mí para tenderme la mano.

-Buenas noches, señor -saludé rogando que no se notara mi absoluta certeza de que en cualquier momento se partiría.

-Hola, muchacho ¿Cómo te llamabas?

-Castiel... señor -me forcé a añadir.

-Un gusto tenerte acá, mi nieta está fascinada contigo.

Hizo un movimiento como calculando por dónde podía retroceder hacia su sitio de nuevo pero en cuanto di un paso hacia él con intención de serle útil, puso los ojos en blanco como riéndose de mí.

-San Pedro puede haberse olvidado de mí, pero eso no significa que yo me haya olvidado de caminar -me guiñó de manera cómplice un ojo y no pude contener una carcajada.

Pudiera ser que no la iba a pasar tan mal después de todo.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!