Partimos

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-Cuídense muchísimo ¿Sí, hijo? Prométeme que te portarás bien. Te lo ruego, no hagas travesuras, no te metas en problemas. No metas a Valerie en problemas, te lo suplico. No quisiera tener que ir a hablar con sus papás. Me resultaron tan simpáticos, no quisiera tener ninguna discusión con ellos -mi mamá hablaba apresuradamente -Porfa, no hagas lío, no quisiera que tener que hacer todo un viaje para sacarte de la comisaría o algo así. Te estás llevando el carro, así que tendría que ir en bus y tendría que llevar a tu hermanito y...

-Mamá, basta -la sujeté de los hombros intentando contener una sonrisa burlona -No exageres -reí -Tampoco soy tan problemático ¿Cuándo has tenido que sacarme de la cárcel?

Por un instante se relajó y se unió a mi risa.

-¿Ya te vas? -oí una vocecilla a mi espalda.

-Sí, enano -me giré a mi hermanito que me miraba desde la mitad de la escalera abrazando con fuerza su peluche de dinosaurio.

-¿Quién va a cuidar de... -no necesité que terminara de hablar para saber que no había bajado precisamente a abrazarme y desearme una buena semana sino para pedirme permiso de cuidar y jugar con mi perro.

-No se me ocurre nadie mejor que tú -mentí.

Se me ocurrían mil personas mejores que él para el cargo. Bueno, quizás "mil" era una exageración, pero un niño capaz de morir aplastado si el perro, jugando, se echaba encima, no era precisamente el número uno en mi lista.

-¡Gracias! -exclamó emocionado y bajó corriendo los escalones que quedaban para abrazarme las piernas.

-Ya me voy, microbio...

-¡Castiel! -la reprimenda de mi mamá no podía hacerse esperar.

-Quise decir, peque. Cuida a Titán.

-Y a ti también -añadió mi mamá con una mirada ligeramente severa -¿No es así, Castiel?

-Claro.

-Ya decía yo... -sonrió.

-Ahora sí -tomé mi mochila y me la colgué al hombro -me voy.

Tras alborotarle el pelo al enano y darle un rápido beso en la mejilla a mi mamá, tomé las llaves y salí. No tardé en llegar a la casa de Valerie quien debía de estar esperándome junto a la puerta porque no tardó ni dos minutos en abrir en cuanto toqué el timbre. Sus papás estaban ahí. Nos cayó un discurso gigante sobre cuidarnos, no meternos en lugares extraños ni discotecas o bares y mil cosas más. Estaban incluso más preocupados que mi mamá y eso ya era decir demasiado. Tardamos casi media hora en salir de esa casa.

-¿Nos están esperando? -fue lo primero que me preguntó Valerie cuando subimos al carro.

-En teoría, sí. En la práctica... Tú sabes cómo son.

Ella rió divertida. No dijimos nada más hasta que doblamos por la primera esquina, perdiendo de vista su casa.

-No puedo creerlo -soltó un suspiro casi de alivio.

-¿Qué cosa? -pregunté aunque estaba pensando probablemente lo mismo que ella.

-Lo logramos -susurró maravillada.

Por el rabillo del ojo noté que sonreía, nerviosa y muy emocionada. Una sonrisa engreída apareció en mis labios.

-Nos vamos de viaje.

-¡Dios! ¡Esto es una locura!

-Quizás, pero ¡Lo logramos, angelito!

-Por un momento pensé que mis papás terminarían saliendo de mi casa, corriendo hacia el carro para detenerme, cambiando de opinión en el último momento -rió.

Solté una carcajada.

-Debo confesar que temí hasta que nos alejamos, que de pronto se arrepentirían de haberte dado permiso. Sigo sin creerme que cedieran.

La vi reír, ahora sí relajada y pareciendo disfrutar hasta el más mínimo detalle.

-Sabes manejar ¿verdad? Es decir... Tienes brevete ¿no? -inquirí en un cruce, después de que me dijera que no venían carros de su lado, ayudándome a entrar.

-Sé manejar, pero no traje mi brevete. Lo saqué hace poco... ¿por?

-No esperarás que conduzca yo las veinticuatro horas ¿o sí?

-Podemos hacer cambio cuando quieras -me aseguró con dulzura -pero no prometo nada respecto al bienestar del carro -bromeó.

-Ya veremos a quién más usaremos de chofer -le aseguré.

No faltaba mucho para llegar donde Hernán cuando me sorprendió al preguntarme:

-¿Dónde están tus cigarros?

Noté, sin apartar mis ojos de la pista, que buscaba en la guantera.

-¿Por? -fruncí el ceño extrañado.

-Estás apretando los labios -me aclaró sin exaltarse -Eso solo lo haces cuando intentas no decir algo inapropiado o estás muy molesto o cuando te provoca fumar.

Le lancé una rápida mirada, totalmente sorprendido. Ni siquiera me había dado cuenta de que hacía eso. Tampoco me había dado cuenta de que me provocaba un cigarro hasta que lo dijo. Es decir, sí había estado con la idea apareciéndome en la cabeza de cuando en cuando pero había fingido que no me afectaba.

-Están en mi bolsillo -murmuré.

-¿Quieres que te alcance uno? -era imposible no notar que la idea le parecía horrible.

-Odias que fume -le dije sin mirarla.

-Lo sé -me pareció que se encogía de hombros -pero creo que puedo soportarlo. Además, si te relaja... no sería bueno que tengas que manejar por horas tenso.

Yo seguía perplejo. Ya divisaba la casa de Hernán y nos faltaban solo segundos para llegar.

-No te preocupes, ni quiero fastidiarte con el humo, ni fumo cuando manejo... normalmente -le aseguré.

-Me avisas nomás -dijo aparentemente tranquila aunque pude notar como se formaba una pequeña sonrisa en sus labios.

-Gracias, angelito -susurré.

Poco después estábamos saludando a todo el mundo y ayudando a subir maletas y otros bultos.

-¿Cómo nos distribuimos? -preguntó Hernán cuando ya todo estuvo listo.

-Son dos carros, y creo que tú y yo, hermano, ya tenemos a nuestras copilotos. Los demás se acoplan -sonreí burlón, encogiéndome de hombros y subiendo a mi auto.

Los demás aceptaron la propuesta sin rechistar. La emoción por el viaje era demasiada como para que un detalle así importara. Andrei se subió con nosotros y Mónica entró casi a la vez diciendo:

-No hay forma que viaje con Hernán y Melanie. Pueden ponerse más melosos que miel y azúcar.

Todos reímos ante la exageración. Valerie y yo intercambiamos una mirada, acordando en silencio que en cuanto llegáramos a la carretera le haríamos la vida imposible. Andrei debió notarlo, porque rió suavemente entre dientes. En cuanto dejamos el garaje se armó un jaleo en ambos carros, todos soltamos un grito o aplaudimos.

-¡Partimos! -chilló Monica emocionada asomándose por la ventana y todos nos unimos haciendo un tremendo escándalo entre risas.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!