Campamento en la arena

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-Muchas gracias por la ayuda -las chicas sonrieron todas a la vez con coquetería a los chicos del hotel que nos habían ayudado a armar las carpas una vez que descubrimos que carecíamos de talento para ello y que las instrucciones eran inútiles.

-Cuidado con esas miraditas -bromeé.

-Mira quién habla -se burló Valerie de manera que solo yo la oyera.

Al instante supe de qué hablaba.

-¿Estás molesta acaso?

Los demás, ignorando nuestra conversación, habían empezado a meter sus cosas en las carpas y a acomodar las sillas armables (que también nos habían tenido que ayudar a armar) alrededor de la fogata (nuevamente, hecha gracias a otras personas más hábiles que nosotros en la materia).

-No. Tú sabes que no.

-¿Entonces? -sentí una especie de alivio, aunque no me sentía verdaderamente culpable.

-Solo ten cuidado dónde pones esos preciosos ojitos tuyos -me advirtió medio en broma.

-¿De verdad no estás molesta?

-Te vi y era obvio que no había nada que celar. Ha sido como si miraras a una estatua de Miguel Ángel. Crítica y evaluadoramente, admirando... -se detuvo unos momentos riendo de lo que iba a decir -sonaría pésimo si sigo hablando. Creo que me has entendido de todos modos.

-La verdad, sí. He entendido a la perfección -tras asegurarme de que todos estaban ocupados en sus asuntos, la abracé, pegándola contra mí -Definitivamente eres maravillosa.

-Ya me lo pagarás algún día, no te emociones -bromeó -Puede que hasta cobre intereses.

En ese momento se nos acercó la "estatua de Miguel Ángel" y nos separamos, aunque no del todo. Quería darle a Valerie más seguridad, si bien parecía que ya tenía bastante. De todas maneras, no dejé de abrazarla de la cintura, sujetándola firmemente junto a mi.

-Chicos, ¿Van a querer hot dogs? ¡Y ustedes no lo malpiensen! -nos advirtió y ambos reímos pues lo hicimos al instante -He sacado las cosas y ya estamos repartiendo la comida.

-Ahora mismo voy -le contestó mi novia con una sonrisa -¿Te ayudo en algo? ¿Falta algo?

-No teníamos agua, pero he mandado a los chicos por ella -rió -No te preocupes por eso.

-Genial. Eres una organizadora perfecta.

-Lo sé -le guiñó un ojo -Lo hago por ustedes.

No me guardé la sonrisa que se formó en mis labios. Era genial verlas bromear y llevarse bien. Valerie se soltó con suavidad de mi agarre para irse con Mónica y sentarse junto a Tamara, quien estaba atravesando un pan, cuidadosamente para ponerlo al fuego. Reí interiormente mientras sacaba un cigarrillo y lo prendía. Esa chica ¿había enloquecido acaso?

-¿Todo bien? -oí una voz a mis espaldas y me giré para ver cómo Hernán se paraba tras salir agachado de su carpa.

-Perfecto. ¿Por?

-Quizás deberías decirle a Valerie que van a compartir carpa.

-¿Ella no va a dormir con Tamara y Mónica? -fruncí el ceño.

-Creímos que iba a entrar el tercer colchón, pero todas las carpas son para dos.

-¿Y Mónica y Andrei? ¿Por qué no son ellos los que duermen juntos? Como si todos no lo supiéramos. Par de jodidos.

-¿De qué hablas?

Por un segundo me quedé helado.

-Mierda -mascullé.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!