Encuentro

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Subí las escaleras de dos en dos. Prefería ir en la mañana si no había clases, o lo antes que pudiera, pero ese miércoles se me había hecho imposible. El sonido de las máquinas corredoras encendidas se me hizo bastante familiar y sonreí listo para prender el playlist de mi iPod cuando mis ojos captaron algo.

-Ni fregando -reí entre dientes.

No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Simplemente parecía inaudito. Con una sonrisa burlona y tratando de no hacer mucha bulla me acerqué por detrás. Asustarla resultaba de lo más tentador pero podía ser peligroso. Decidí subir a la caminadora del lado y quedarme mirándola hasta que reaccionara cosa que tardó solo unos segundos. Su asombro fue impresionante e incluso la hizo perder el equilibro por unos instantes. No pude evitar reír entre dientes. Alzando la barbilla, volvió su mirada al frente. Vi cómo su mandíbula se apretaba mientras sus ojos buscaban algún sitio en el que clavarse.

-¿Qué ocurre, preciosa? -prendí mi caminadora -¿No esperabas verme aquí?

-Para nada -dijo a duras penas.

Tardó unos segundos en recobrar el ritmo de su respiración después de esa simple respuesta. Aceleré la velocidad de la máquina y empecé a trotar.

-¿Hace mucho que vienes? -pregunté despreocupadamente sabiendo que la irritaría.

La única contestación que obtuve fue una mirada molesta probablemente porque no le alcanzaba el aire para lanzarme una frase mordaz como las que solía disfrutar dirigirme. En ese momento su máquina soltó un pitido anunciando el final de su rutina. Lancé un rápido vistazo a la información en su pantalla. Había corrido solo quince minutos y estaba tan roja como un tomate. Tuve que apretar los labios para contener una carcajada.

-¿Viniste a burlarte acaso?

Su pregunta sonó entre jadeos que demostraban que aún no recuperaba el aire. Aceleré un poco la velocidad en mi máquina.

-Vine porque mantener este cuerpo de dios griego no es posible solo mirándote al espejo y deseándolo -contesté -¿Tú que haces aquí?

-¿Has oído de esas chicas que comen lo que quieren, cuando quieren y cuanto quieren y siguen viéndose espectaculares? Pues resulta que no soy una de esas -me regaló una de esas sonrisas forzadas.

-¿En serio? -la miré sin vergüenza alguna de pies a cabeza.

Aumenté otro poco la velocidad. Diez kilómetros por hora... sí, ahí estaba bien.

-Para mi mala suerte, es en serio. No hago dieta porque no podría soportarlo, pero me tengo que cuidar y la verdad es que no entiendo porqué te estoy contando esto.

-Yo tampoco, pero suena interesante. ¿Hace mucho que vienes?

-¿Cómo haces para correr y hablar a la vez?

Su expresión en conjunto a su tono de voz al decir esas palabras me obligaron a soltar una carcajada.

-Práctica.

-¿Práctica? ¿De tanto correr y coquetear a la vez? -sonó burlona.

-Las chicas que van al gimnasio suelen estar en mejor forma que las demás -me encogí de hombros.

Ya empezaba a sentir que el aire se descompensaba un poco dentro de mí por lo que decidí darme unos instantes.

-Creí haber entendido que veías a hacer ejercicio no a ligar. Ya me sorprendía que hicieras algo por tu salud -sonrió de manera extraña.

Su respiración seguía agitada y su rostro no había perdido aún el fuerte color rojo. Me demoré un momento antes de contestar.

-Se puede hacer ambos.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!