Libertad a la vuelta... del calendario

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-Ya casi...

Todos mirábamos el reloj ansiosamente. Me había colado a la clase de Hernán de idiomas y me había pasado una hora entera escuchando a un estúpido francés decir algo que sonaba como perigjiregherowelmdpweeihf solamente por ese momento. Cada bimestre, la última clase antes de las vacaciones o él o yo nos metíamos juntos en el salón por más que no nos tocara el mismo curso. De esta manera nos pasábamos los últimos minutos con la vista clavada en el reloj. No había entendido prácticamente nada de la clase, pero el salir haciendo escándalo cuando sonaba el timbre hacía que todo valiera la pena.

Naturalmente preparábamos alguna bromita para celebrar las vacaciones. El plan era bastante sencillo. Habíamos mandado a correr la voz de que todos cuidaran sus equipos electrónicos y papeles a la salida. La noticia llevaba dos días circulando de manera que confiábamos en que todos cuidaran debidamente sus cosas. No era precisamente la broma más compleja que habíamos planeado, pero valía absolutamente la pena de todas formas. A fin de cuentas, era una buena manera de iniciar el verano.

-Unos minutos más... -susurré.

-Sería quince más si ayer no hubiéramos adelantado los relojes del colegio -Hernán habló de manera que solo yo lo escuché.

Quizás habíamos hecho dos bromitas... El día anterior, la mitad de mis amigos se quedó en retención para pagar algunas faltas cometidas durante el año y recibir sus horarios de los exámenes de recuperación. El resto del grupo habíamos esperado en el jardín. Una vez que nos quedamos solos en el colegio habíamos adelantado en cada maldito reloj la hora. Inclusive Andrei alteró el sistema de timbres que indicaban el recreo. Nos demoramos un buen rato pero había valido la pena. Naturalmente nos hubiera gustado adelantar más la hora pero habría sido muy notorio. De todas formas, había sido muy divertido ver las caras de todo el mundo al llegar inexplicablemente "tarde".

-Dos más -murmuró Adriana que estaba sentada delante de nosotros.

Incluso el profesor lanzaba miradas al reloj de cuando en cuando. De pronto se puso de pie y dijo:

-Bien, mes chers élèves, je doit dire que c'était une merveilleuse année. Merci beaucoup.

Claro que eso fue lo que me explicó Hernán. Yo entendí "Bien" y luego una masa de sonidos sin sentido alguno. El profesor siguió su discurso, pero ya nadie le hacía el más mínimo caso. En cuanto sonó el timbre, los gritos retumbaron por el colegio. Salimos lo más rápidamente que pudimos. En los pasillos la gente nos lanzaba miradas conteniendo risitas nerviosas. Era alucinante ver como todo el mundo se abalanzaba a guardar todas sus cosas como locos en los casilleros. El desconcierto de los profesores era único.

-¿Listo? -pregunté

Hernán asintió. Al fondo del pasillo, Mateo nos hizo una seña avisando que él también estaba preparado. Escondiéndonos entre la masa de gente que paseaba por el pasillo para descubrir qué iba a pasar cada uno corrió a un sensor de humo y se apuró en encender cerca un cigarro. Bastaba dar un par de rápidas pitadas para que una lucecita roja empezara a parpadear. Al instante nos alejábamos deprisa al siguiente sensor. Alguien había llegado a conseguir incluso unos minicohetes que reventaban haciendo muchísimo ruido y botando humo sin ser peligrosos en lo más mínimo. Los reservamos para el gran final. Mientras medio colegio empezaba a empaparse llenándose de chillidos y risas, nos deslizamos a la ventana que daba a la oficina del director.

-¿Quién hará los honores? -inquirí calculando con la mirada el ángulo que el tiro tendría que tener sin poder contener una sonrisa burlona y de satisfacción.

-Castiel, por favor, disfrútalo y véngate. Este es tu momento -Tomás me alcanzó los petardos.

-Y cuánto lo voy a disfrutar -susurré.

Tomando impulso, lancé los cohetillos por la ventana. Salimos corriendo al instante que los vimos entrar. El estruendo que armaron y los chillidos de niñita del director se escucharon de todas formas haciéndonos reír hasta casi perder el aire. No tardamos en mezclarnos con la gente que celebraba bajo el agua. Sin poder evitarlo busqué con la mirada a Valerie. Sonreí cuando distinguí su pelo entre la muchedumbre. Estaba riendo y se lanzaba agua con una amiga que deduje que sería la famosa Melanie.

-Hernán -lo llamé golpeándolo en el brazo -aprovecha.

-¿Qué? -me miró desconcertado.

Con una seña le indiqué dónde estaban las chicas. Él sonrió al entender: cuando yo fuera con Valerie, su amiga quedaría sola. Asintió sonriendo y me siguió de cerca en lo que me acercaba. Melanie me vio antes que el angelito, que estaba de espaldas a mí, pero llevándome un dedo a los labios le indiqué que no dijera nada y ella siguió como si jamás me hubiera visto. Conteniendo una sonrisa abracé a Valerie de la cintura. Ella dio un brinco, asustada, casi golpeándome en la nariz con su cabeza.

-¡Castiel! -exclamó girando en mis brazos.

Por encima de su hombro vi como Hernán acorralaba a Melanie y reí entre dientes. Antes de que Valerie pudiera ver que es lo que estaba mirando, la tomé de la muñeca jalándola a un salón donde también llovía a cántaros. Cerré la puerta tras asegurarme que nadie nos hubiera visto. Cogiendo un libro y usándolo medio de paraguas, prendí un cigarro y lo acerqué al censor.

-¿Qué haces? -Valerie soltó una risita mirando de cuando en cuando a la puerta, nerviosa.

-No queremos que este carnaval se acabe ¿o sí?

-¿Y si llegan los bomberos?

-El magnífico sistema de seguridad del colegio, salvó a sus alumnos. Deberían recibir un premio -me aseguré de que la lucecita volviera a parpadear.

Sonriendo satisfecho me giré y me encontré frente a Valerie. Hasta ese momento no la había mirado bien. Su pelo, mojado, se veía algo despeinado y unos mechones de le pegaban a la frente de forma graciosa. La tortura fue bajar la mirada cuando mis ojos la recorrieron inconscientemente de cabeza a pies. Llevaba una blusita blanca sin mangas que antes había estado como colgando, semi metida en un short alto que le marcaba las caderas y cintura. La blusita ya no estaba suelta. Para colmo dejaba traslucir su sostén. "Control, Castiel, control". Por un momento temí que empezara a babear aunque quizás no se notaría mucho con la cantidad de agua que estaba cayendo encima nuestro. Medio embobado, medio magnetizado me acerqué. Valerie pareció recién darse cuenta y se sonrojó. Viéndola nerviosa no pude contener una carcajada y la abracé con fuerza contra mí hasta que sentí que se relajaba. Aún riendo le di un beso en la frente.

-Está muy indecente, angelito. ¿No era una chica buena? -bromeé conteniendo a duras penas el deseo de besarla.

-Tú tampoco estás muy decente -contuvo sus nervios y me echó una ojeada coquetamente.

-No voy a dejar que te vean así -le advertí.

-Creo que llegas tarde, medio colegio ya debe haberlo hecho.

-Les saco los ojos.

-¿Y a ti que debería hacerte? -apoyó su mano en mi pecho susurrando de manera coqueta.

-Será mejor que yo no responda esa pregunta -alcé el mentón.

-¡Castiel! -me dio un golpecito juguetón.

-Un beso estará bien.

-Uno -clavó sus ojos en los míos.

-Mejor dos -susurré tomándola cuidadosamente de la nuca e inclinándome para besarla.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!