Llegando a la fiesta "angelical"

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"No tomar, no fumar, no perder la apuesta." Me repetí unas tres veces esa frase con total determinación antes de tocar el timbre de la casa de Valerie. Ella no tardó en salir a recibirme. Llevaba un vestido blanco bastante ceñido que le llegaba hasta la mitad del muslo. Era un poco más largo de lo usual, pero ella sabía lucirlo como pocas lo hubieran hecho.

-¿Listo? -alzó una ceja.

Sus papás aparecieron detrás suyo y me adelanté para saludarlos.

-Diviértanse -nos dijo su mamá con una sonrisa.

-Y cuídense -añadió su papá -no vuelvan tan tarde.

-¿Tres estará bien? -Valerie pestañeó coquetamente.

Tras intercambiar una mirada, sus papás accedieron asintiendo levemente. ¿Tres? ¿Tres? Yo estaba paralizado. Intenté mantener una sonrisa relajada y abstenerme de comentar. Tres de la mañana... tenía que ser una broma... ¡Las fiestas empiezan como a las doce! ¿Solo tres horas de fiesta? Y eso con suerte porque la mayoría empezaba a la una. Contuve un suspiro mientras nos despedíamos de sus papás y estos cerraban la puerta. Le tendí la mano a Valerie para ayudarla a bajar las escaleras temiendo que se matara con los tacos, pero ella se las arregló sola haciéndolo con bastante gracia.

-Estás preciosa, angelito. El color encaja perfectamente contigo -bromeé.

Ella me sacó la lengua pasando a mi lado en camino hacia mi carro. Me apuré en alcanzarla para abrirle la puerta del copiloto antes de subir al lado del conductor.

-¿Tienes la dirección de la fiesta? -le pregunté.

Sin decir nada me tendió un papelito. Echándole un solo vistazo reconocí el nombre de la calle. Obviamente tenía que ser una fiesta de ricachones.

-Es alquilada -aclaró al ver mi expresión -no tengo amigos que vivan en mansiones... bueno, quizás un par, pero la mayoría no.

-Ya, ya, presume tus riquezas con el chico pobre -fingí estar dolido mientras exageraba nuestras situaciones aunque en realidad estaba riendo entre dientes.

-Idiota -masculló apretando los labios para contener una sonrisa.

Con bromas por el estilo nos entretuvimos hasta llegar a la casa en la que sería la fiesta. Alcé las cejas, admirado al ver el caserón. Tenía dos pisos y un ático o algo similar y era gigante. Hernán tenía bastante plata, pero al lado de esto, su casa parecía modesta. La mansión estaba cerrada y protegida por unos guardias que te indicaban que la zona alquilada era el jardín. Sobre lo que deduje que era la piscina, habían puesto un tabladillo enorme rodeado de postes conectados por cables de los que colgaban flores y lamparitas. A la izquierda, el bar captó mi atención. Estaba rodeado de pequeños asientos cuadrados con mesitas en las que ya había bastante gente tomando.

-Esto parece más la recepción de un matrimonio -susurré tomándola de la cintura mientras nos encaminábamos hacia una mesita en la que ella había distinguido a unos amigos.

Valerie rió con mi comentario y me dio la razón.

-Pero espera una media hora a que la música mejore y todo esto enloquecerá -me aseguró.

-¡Valerie! -una pelirroja a la que no tardé en reconocer como Melanie, se paró en saludarla.

Le di un rápido vistazo de pies a cabeza. Hernán enloquecería si estuviera aquí. Dios. Melanie me saludó rápidamente con una sonrisa que no demoró mucho en caer, siendo remplazada por un ceño fruncido.

-Tú eres el amigo del tipo ese ¿no?

-Si con "el tipo ese" te refieres a Hernán, pues sí -alcé la barbilla.

La chica le lanzó una mirada a Valerie antes de apretar los labios.

-Luego quiero hablar contigo de eso -susurró y no supe bien si se dirigía a Valerie o a mí.

Tras esto, se alejó con dirección al bar. Nosotros nos encogimos de hombros y nos unimos a una mesita alrededor de la cual hablaban animadamente.

-Voy al baño -susurré.

Tras echar un vistazo a mi alrededor, deduje que los baños estarían detrás del bar. Del baño de chicas salían montones de gritos y risitas y había una cola inmensa. Quién sabe qué demonios estaría pasando ahí dentro. Puse los ojos en blanco y entré a la puerta del costado. Me dirigí al urinario contemplando el baño casi vacío. En una esquina había un chico dormido y un par de urinarios más allá, otro que parecía no decidirse entre vomitar o no. De pronto oí un gemido. Y luego otro. Puta madre ¿era en serio? Lancé una mirada hacia los baños cerrados justo en el momento en el que una puerta temblaba. Por lo visto no todos eran "buenitos" por aquí. Contuve una risita.

-¡Eh! ¿Alguien ahí? -llamó una voz desde dentro del gabinete.

La chica soltó una especie de carcajada contenida.

-¡Amigo! ¿Tienes un condón? -gritó el chico.

Por un instante me quedé paralizado. La situación se me hacía extraña y graciosa. Sabía perfectamente que en mis bolsillos no llevaba ninguno pues hace tiempo que ni los llevaba conmigo. Iba a decirle eso al chico cuando se me ocurrió algo. Revisé rápidamente mi billetera y sonreí al encontrar lo que buscaba.

-Tengo uno -dije sacándolo y revisando el envoltorio en busca de algún roto -pero lleva demasiado tiempo en mi billetera, es muy probable que esté fallado -le advertí.

-Regálanoslo, porfa -rogó el chico.

Sabía que en esas situaciones, en especial teniendo en cuenta lo ebrios que evidentemente estaban, serían capaces de seguir sin protección alguna. Aunque el condón que tenía probablemente estuviera fallado, sería mejor que arriesgarse al cien por ciento. Suspiré sabiendo que al día siguiente estarían nerviosos comprando exámenes de embarazo... si es que se acordaban de algo.

-No me responsabilizo si estaba roto -les dije mientras lanzaba el envoltorio por encima de la puerta.

-¡Gracias! ¡Te debo una! -exclamó el chico, emocionado, desde dentro.

"Ni sabes quién soy" respondí mentalmente antes de irme.

-¿Por qué tardaste tanto? -me preguntó Valerie cuando me senté a su lado.

-Ni te imaginas lo que pasa ahí dentro -respondí.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

-Creo que no quiero saber -susurró.

Reí divertido.

-¿Te burlas de mí? -preguntó burlona.

-Cómo se te ocurre -le di un suave y corto beso en los labios.

En ese momento quitaron la música electrónica a cuyo ritmo había un buen grupo moviéndose y pusieron música más bailable.

-¡Al fin comienza la fiesta! -exclamó una chica con un entusiasmo contagioso.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!