Momias, oro y más cosas raras

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Me incliné un poco más mirando con bastante curiosidad el collar que estaba delante de mí, protegido por un grueso vidrio. Un carraspeo a mis espaldas me hizo poner los ojos en blanco y retroceder un paso. El guía del museo forzó una sonrisa. Desde el primer momento se dio cuenta de que éramos un grupo un poco... intranquilo y el vernos alejarnos e inspeccionar por nuestra cuenta, lo había puesto bastante nervioso aún cuando hasta el momento nos habíamos portado especialmente bien. Con un bufido me giré a escucharlo. Contó cómo los arqueólogos habían pasado horas de horas reconstruyendo la joya que teníamos en frente. Casi se me cae la mandíbula al piso.

-¿Estaba deshecho? -pregunté sorprendido.

El collar estaba conformado por miles de millones de cuentitas.

-Efectivamente. Los trabajos...

-Yo me mato -solté mirando horrorizado al collar -No seré arqueólogo ni de broma.

Valerie me tomó del brazo atrayendo al instante mi atención. Por el rabillo del ojo me pareció notar que el guía sonreía satisfecho de que alguien me controlara.

-A la mitad del trabajo te habrías hartado y habrías tirado todo al piso. ¡Qué digo a la mitad! Después de poner cinco cuentas a lo mucho -bromeó mi novia consiguiendo que todos los del grupo que estaban cerca rieran.

La sonrisa del guía cayó de una lo que agrandó aún más mi sonrisa.

-Creo que a partir de aquí seguiremos por nuestra cuenta, leyendo los cartelitos -le dijo Tomás compadeciéndose un poco del pobre tipo.

-Muchas gracias -le sonreí burlón con la voz cargada de ironía.

Valerie me dio un codazo y pretendió estar terriblemente avergonzada.

-Creo que deberíamos hacer alguna maldad -le susurré pegando mis labios a su oído.

-¿Qué? -pude sentir cómo se tensaba a mi lado al murmurar eso.

-Venir al museo ya es algo demasiado de chico bueno para mi gusto. Tenemos que equilibrar las cosas.

-Ay Dios -se separó para encararme mejor -No sé si quiero saber qué tienes en mente.

Con una sonrisa traviesa convoqué a todos.

-¿No creen que aquí todo está muy... -le lancé una mirada a unas momias en la esquina opuesta de la habitación que tras un vidrio estaban acomodadas tal y como lo había sido la sepultura de un hombre humilde en su época -... muy, muy muerto? Creo que deberíamos ponerle un poquitín de vida.

-¿Qué propones? -Hernán sonrió entusiasmado.

-Competencia. Quien haga lo más original o entretenido gana. Hagamos grupos de...

-Chicos contra chicas -propuso Mónica emocionada.

Al instante una pareja de viejitos que pasaba cerca le pidió que se calmara. Todos reímos por lo bajo, reprendiendo a Mónica por su mal comportamiento para fastidiarla a modo de broma.

-Me gusta su idea -asintió Hernán.

Todos imitamos su gesto mostrándonos de acuerdo.

-Tenemos media hora -propuse -En ese tiempo cada equipo debe haber hecho... algo, lo que sea, naturalmente sin dañar nada del museo ni arriesgarse a ser arrestado o algo similar.

-No todos deberían actuar -comentó Javier.

Todas las miradas se giraron extrañadas hacia él.

-Me refiero a que de cada equipo al menos dos personas no deberían involucrarse en la broma para poder comprobar la del otro equipo y para poder mostrar su broma al equipo contrario en caso de que requiera ir a algún sitio en específico.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!