¿Cambiar? Imposible

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-¿Te falta mucho? -solté un suspiro.

Estaba sentado en el piso, apoyado contra su cama y al levantar la cabeza para poder verla ella me miró desde arriba con una pequeña sonrisa asomando por sus labios.

-Ya casi -me aseguró volviendo a mirar hacia lo que estaba haciendo.

Faltando tres días para el inicio de clases, ya tenía todos los materiales, libros y cuadernos y se había dedicado a forrarlos con enorme esmero y perfeccionismo. Su cama estaba ocupada casi en su totalidad por los cuadernos, el plástico para forrar y todas esas cosas. Ella se sentaba y echaba, cambiando de posición cada cierto rato, deteniéndose de cuando en cuando para bailar en el sitio si alguna canción de las que había puesto a sonar  la motivaban a hacerlo (que resultaban ser casi todas). La había acompañado y habíamos estado un buen rato conversando. En otro momento yo me había quedado dormido. Ya para cuando estaba medio desparramado en el piso, lo que en verdad se me antojaba era un cigarro. Casi inconscientemente saqué la cajetilla y el encendedor de mis bolsillos. Sabía de sobra que Valerie jamás me dejaría fumar en su cuarto. Tampoco se me habría ocurrido preguntarle, teniendo en cuenta que ni siquiera solía fumar en el mío.

La mirada evaluadora que lancé a la puerta que daba al pequeño balconcito por el que se había escapado alguna vez debió delatarme porque ella no tardó en preguntar:

-La puerta está abierta. No tiene llave.

Nuestros ojos se encontraron. Ella se había sentado y se veía algo tensa. Alcé ambas cejas.

-¿No te molesta si me asomo a fumar?

-Si cierras las ventanas de ese lado y la puerta... Supongo que no hay problema -se encogió de hombros.

Casi al instante fingió prestar atención a uno de los cuadernos que estaba a punto de forrar. Pero ya la conocía bastante bien. Su mente estaba en otro lado.

Tenía dos opciones: o tomarle la palabra y dejar que se lamente si había dicho una cosa queriendo decir otra o averiguar qué le ocurría. Y aunque la primera alternativa me resultaba sumamente tentadora sabía que lo justo con ella era preguntarle. Más aún teniendo en cuenta lo paciente que ella era conmigo.

-No me tienes que decir que sí... -la miré fijamente -¿Qué ocurre?

-Yo...

-No me digas que "nada" por favor. Nos tenemos bastante confianza ¿No? Creo que siempre hemos podido contarnos todo y sobre todo decirnos si algo nos fastidiaba. Sabes que puedes hablar conmigo...

-Yo sé... -me regaló una sonrisa.

-¿Prefieres que no fume en tu balcón? No debería entrar el humo ni el olor si cierro bien todo, pero lo respeto.

-Preferiría que no fumes -me soltó de golpe rehuyendo mi mirada y volviéndola a buscar como para ver el resultado de sus palabras.

-¿Cómo? -sentí que los músculos de mi espalda y cuello se tensaban.

-No me gusta que fumes, Castiel -me habló con seriedad, enderezando su espalda y apoyando sus manos en su regazo -Ni aquí, ni en ningún lugar. No me gusta nada cuando compras nuevas cajetillas. Y si bien en general no me agrada verte fumar pero lo tolero, en cuanto me pongo a pensar en todo el riesgo... -soltó un suspiro y cerrando los ojos sentenció con voz dolida -En el momento en el que me hago consciente del daño que te hace, no hay nada que deteste más que ver cómo te llevas esa cosa odiosa a los labios.

La miré perplejo, intentando encontrar palabras para responderle.

-¿Puedes dejar de fumar por favor? -me pidió con cierta dureza pero rogando a la vez.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!