Regreso

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-Simplemente no puedo creerlo. La semana se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos -abrí un poco los ojos para ver cómo Valerie acomodaba cuidadosamente las cosas en su maleta.

Era exageradamente perfeccionista.

-Yo no puedo creer que lleves casi dos horas ahí echado y aún no hayas metido en tu mochila ni un solo polo.

Solté un quejido y me tapé la cara con la almohada.

-¡Castiel! -me reprendió con suavidad.

-Eso te pasa por interrumpirme a la mitad de mi siesta.

-Tienes que guardar tus cosas, no se van a acomodar solas.

-¿No lo vas a hacer tú? -mi voz sonó más ronca de lo normal pues estaba medio dormido.

Me asomé ligeramente y me encontré con una mirada amenazadora.

-Está bien, está bien, ya voy.

-Mucho mejor -se cruzó de brazos.

-Pero antes, terminaré mi siesta.

La oí reír, fastidiada y divertida a la vez.

-Si no dejamos el cuarto a la hora nos van a cobrar un día extra. Y lo vas a pagar tú solito -me advirtió un rato más tarde.

Su voz me despertó y cuando asimilé lo que decía me levanté de un salto. Sus cosas estaban listas junto a la puerta de la habitación. Demonios.

-Tienes... -consultó la hora -Diez minutos.

Dejé escapar un suspiro de alivio. Estaba sobrado de tiempo.

-¿Me esperas? -pregunté mientras abría mi mochila.

-¿Y ver la aberración que haces con tu ropa?

Reí burlón ante su gesto de horror.

-Vamos a encontrarnos en el bar. Andrei propuso un último brindis antes de partir.

-Nos vemos allá.


Unas cuantas horas más tarde ya había caído la noche y yo sentía cómo mis párpados iniciaban una lucha contra mí, queriendo cerrarse pese a que nos hallábamos en plena carretera, rumbo a casa. Andrei y Mónica se habían quedado dormidos, abrazados y probablemente aún medio borrachos. Les eché una mirada por el espejo retrovisor. Despertarlos parecía misión imposible.

-Mierda -mascullé al darme cuenta de que abría los ojos.

Ni cuenta me había dado de haberlos cerrado. ¿Fue solo un instante o varios segundos? Agradecí mentalmente el que la carretera estuviera casi vacía. Cuando había empezado a sentir sueño había disminuido la velocidad y ya había perdido de vista a Hernán hacia casi media hora. O mejor dicho, él me había perdido de vista a mí. Si el sueño no se iba en un rato, aparcaría a un lado y me echaría una siestita. Oí un claxon y vi un carro pasar a toda velocidad a mi lado como salido de la nada antes de desaparecer en la oscuridad de la carretera. La sorpresa me despabiló un poco. Ese loco definitivamente estaba superando los límites de velocidad. Intenté concentrarme nuevamente en la pista en frente de mí. Se suponía que manejaríamos casi sin interrupciones hasta llegar a casa. Demoraría casi un día entero contando las paradas para comer o ir al baño. Tenía que ver cómo hacía para aguantar.

En ese momento volví a pensar en pedirle a Valerie un cambio de sitio pero al pasar mi mirada a ella, borré la idea de mi cabeza. Estaba profundamente dormida, acurrucada en el asiento del copiloto. Sonreí levemente. De seguro estaba, al igual que los demás, recuperándose de la borrachera que se habían metido para cerrar el viaje. Ella había comenzado negándose y terminado peleándose con torpes empujones con Tamara y Melanie por unos shots. De todas, había sido la que menos se había emborrachado. "Eso dice bastante del estado de los demás" me dije riendo suavemente.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!