Un sábado muy... muy largo

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Cuando me dijo que haríamos las compras casi se me cae la cara. Cuando me dijo la hora, casi me da un ataque. ¡Los sábados en la mañana son para dormir! Y aún así, ahí estaba, tocando mi maldito timbre a las ocho y media de la mañana lista para torturarme durante la siguiente hora. Mi mamá me vino a despertar para avisarme que una "chica muy linda y dulce" (que fácil la engañó) me esperaba en la sala. Tras cinco minutos luchando contra las sábanas, logré ponerme de pie y otros cinco minutos más tarde ya estaba bajando las escaleras recién duchado.

-No estabas listo -sonrió burlona.

-Protestaría, pero me niego a perder -le dije dirigiéndome a la cocina a desayunar sin importarme si me seguía o no.

Mi mamá, que acababa de terminar de bajar las escaleras, me lanzó una mirada desaprobatoria contemplando sorprendida la escena. Valerie intercambió unas palabras con ella antes de venir detrás de mí.

-Tienes que apurarte o el lugar estará repleto de gente.

-Ayer te negaste a contestar -ignoré su comentario y continué comiendo con calma -¿Realmente haces esto cada fin de semana? Me cuesta creerlo.

-Debo confesar que no.

-¿Entonces?

Valerie se acomodó en una silla delante mio y apoyó sus brazos en la mesa.

-Los "chicos buenos" y en realidad cualquier hijo debería ayudar a sus papás mínimo de cuando en cuando. Tengo la ligera impresión -su sarcasmo brilló más que un faro -que tú no lo has hecho en bastante tiempo. Por lo tanto, hoy es el gran día. Ayudarás en lo posible para compensar... que ¿meses? ¿años?

La seguridad con la que hablaba podía llegar a ser molesta.

-Eso ya es meterse en mi vida familiar -protesté.

-Pero no de manera negativa -arguyó.

-¿Y cada cuánto va nuestro "angelito" a hacer las compras?

-Casi todos los fines de semana. Mi mamá suele necesitar descansar... -se calló poniendo una cara que mostraba que había hablado más de lo que esperaba.

-¿Y tu papá?

-Viene a veces conmigo. Es divertido -sonrió.

La miré con seriedad. "Compras" y "divertido" es una combinación inexistente.

-¿Vamos? -preguntó cuando me levanté a dejar el plato en el lavaplatos.

Asintiendo me dirigí hacia las escaleras para ir a lavarme los dientes. Estaba subiendo de dos en dos los escalones cuando se me ocurrió algo.

-¿Tengo que avisar?

Valerie me indicó que sí con una mirada. Fui primero en busca de mi mamá que ya había subido. Su sorpresa fue indescriptible. Tras asegurarle mil veces que estaba bien y que no usaría la plata para emborracharme o comprar hierba (ni siquiera entendía de donde había sacado eso de que me drogaba) pude ir al fin a alistarme para luego poder bajar a encontrarme con Valerie, quien investigaba con interés una fotografía.

-Déjala.

-Perdón -pareció sonrojarse un poco -¿eres tú?

-Mi hermanito.

-Ya decía yo que era imposible que un chiquito tan lindo terminara así -sonrió intentando, evidentemente, relajar el ambiente.

Poniendo los ojos en blanco la empujé de la cintura hacia la puerta.

-¡Espera! Necesitamos la lista -exclamó.

 Una hora más tarde me estaba apoyando como podía en el carrito de compras mientras Valerie iba de un lado a otro revisando qué faltaba y preguntándome de qué marca comprábamos de cada cosa. Como si yo supiera.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!