Maletas

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-Dime si tú quisieras andar conmigo, oh... cuéntame si quieras andar conmigo, oh... dime si tú quisie...

-Creí que eso había quedado claro -sonreí burlón apoyándome contra el marco de la puerta.

Valerie dio un respingo y se calló abruptamente.

-¿Hace cuánto estás ahí? -preguntó sin voltear a mirarme.

-Lo suficiente para contemplarte bailando y cantando.

-Ay Dios -soltó una risita nerviosa aún dándome la espalda.

-¿Así bailas siempre? -me acerqué y me senté junto a la maleta que estaba sobre su cama de manera que la encaraba.

-Creo que sí... -frunció el ceño -Pensé que te gustaba cómo bailaba...

-Me encanta... bailas increíble... solo que no me había dado cuenta de lo provocadora que te veías... osea... sí lo había notado pero jamás en esa medida. No deberías estar contoneándote así delante de cualquiera.

-Castiel...

-Ni lo digas -la detuve -He sonado terriblemente patético.

-Terriblemente celoso -me corrigió dirigiéndome una sonrisita burlona levantando con las justas unos segundos su mirada del polo que estaba doblando para meterlo en la maleta.

-Eso no es cierto -reí.

-Lo que tú digas.

-¿Te estás burlando de mí? - me puse de pie al instante y alcé el mentón, avanzando hacia ella hasta que quedaba con las justas espacio entre nosotros.

-¿Yo? -alzó una ceja sonriendo coquetamente sin retroceder ni un solo paso -Imposible.

-Sí, te hablo a ti, señorita "bailo demasiado sexy para el bien de los hombres que me rodean".

Valerie soltó una carcajada mientras intentaba rehuir a mi mirada, nerviosa.

-Eres un exagerado.

-¿Quieres que te demuestre que no es así? -me incliné para susurrarle rozando su oreja con mis labios.

Sus ojos se abrieron asustados y se clavaron en los míos como temiendo que se desviaran a cualquier otro lado.

-No sé en qué pensaste -fingí inocencia -pero tu expresión vale oro -reí con ganas.

-A veces... -empezó a decir entre molesta y divertida.

-¿Sientes que me adoras?

-No. Que te quiero matar. Luego me acuerdo de dos cosas.

-¿Qué dos cosas? -la miré intrigado.

-Que me sirves muchas veces de chofer, lo que es genial y que aún no termino de ganar la apuesta.

-Cuánto amor -ironicé, divertido.

-Muchísimo -me regaló una falsa sonrisa dulzona.

-Bueno, pues canaliza tu amor hacia el orden y terminar de hacer tu maleta -la apremié.

-Qué apurado.

-Bastante -sonreí, divertido -no puedo esperar a que sea mañana. Salimos a primera hora. Todo debe estar listo.

-Vaya que te has vuelto organizado -tenía una expresión socarrona aunque no escondió una sonrisa cargada de dulzura.

-Bastante. He comprado todo lo que podríamos necesitar.

-¿Qué compraste? -me preguntó mientras rebuscaba en su closet.

-Hablé con un amigo que tengo en el norte. Tiene una especie de caseta de sándwiches cerca a la carretera. Pararemos ahí mañana a medio día a almorzar. Ya tendrá todo separado.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!